SEIS DE ALGO: EMA, EL MIÉRCOLES Y LA BUENA MEMORIA DE J

(De fondo se escucha: La Femme – Psycho Tropical Berlin)

I

Te imagino

Hoy escribo al ritmo del recuerdo, la memoria que no me falla y puede describir momentos al pie del detalle. Claro, no olvidemos que siempre hay más de un punto de vista en una historia.

No lo olvidemos.

Hoy podría inventar o más bien imaginar que Ema está aprendiendo algún nuevo paso de baile, si, a ver qué estará haciendo, ¿qué? podrían ser pasos de: ¿jazz? ¿cumbia?  ¿o zumba?

Entonces si te imagino, no te estoy recordando, estoy evocando. Ojalá evocar se tradujera a conjugar tu nombre y traerte de vuelta, dicen las otras chicas que me componen allá adentro.

 

II

Divagaciones

Sin embargo, por un segundo, dejemos que este sea uno que Ema y yo, tiempo después vamos a recordar, aunque Ema seguro no lo va a recordar, no por su mala memoria, sino porque Ema recuerda otros instantes, detalles diferentes, ligados a las sensaciones del cuerpo o a instantes que la hacen ir hasta el fondo.

Más bien, esto será otra cosa que yo le contaré y que convertiré en un cuento que incluya una colombina, una mandarina y no se me podía olvidar una bendita sandía (o patilla).

¿De qué coños hablas Jota? ¿de qué coños hablas?

 

III

Volvamos al recuerdo

Insisto, tengo muy buena memoria, mega fotográfica, casi tan elocuente como la manera en que Ema habla sobre temas políticos, sociales y cómo logra entretejer temáticas y volver al punto de partida. Casi así. Ustedes tienen que saberlo, tengo buena memoria. Ema lo refutará, espero que si.

¿Ustedes recuerdan la primera vez de algo? Este algo. Su algo. Como el algo del afecto. O ese otro algo escrito en primera persona que una escribe para dedicarle todos los cariños sensatos que se llevan allá adentro.

 

IV

Hay una vela encendida

Si, interrumpo un momento, mientras escribo enciendo una vela que me regalaron con un inscripción: Alegría, con olor a mandarina y canela.

Si, sigo divagando, pero les juro que tengo buena memoria. La mejor, la que usted querría recordar.

A veces, usted necesita que alguien como yo, le recuerde ciertos eventos e instantes que usted no logra recordar, si, yo soy esa persona. Esa chica, de mirada caída, que frunce el ceño cuando llega al orgasmo y que recuerda la partida de Ema, y sobretodo recuerda…

(Advertencia: Los posibles recuerdos, citas a frases de Ema, expresiones mal logradas por mi parte, tratando de citar a Ema, no deben ser tomadas como recuerdos literales. Aunque insisto, tengo buena memoria. Guiño, guiño.)

 

V

Había olvidado lo que vine a recordar

La primera vez…  volvamos a la primera vez… ¿recuerdan? ¿recuerdas?

Bueno en realidad no fue la primera vez, sino la segunda vez.

Si, por fin. Bien. La segunda vez que hablé con Ema por celular, aún no nos habíamos visto en persona.

(Si Ema leyera esto en voz alta, su voz radial mental diría que no fue la segunda vez, sino la primera, sino que en algún punto de la conversación por celular, se cortó y me volvió a llamar. Por eso yo diría que es la segunda. ¿No?)

Si, antes, antes del todo y de la nada, hubo un momento en el que no nos conocíamos en persona. Sí, como todos los antes, de las grandes historias de amor. Ajá. Exacto. Si. Así. Tal cual. Lo entendieron a la perfección. Eso me encanta de ustedes. ¡Leen mi mente!

 

VI

La se-gun-da vez

Les advierto, esto va para largo, porque mis sentimientos no se quedan cortos, después de tanto tiempo. Además, es mitad de semana y si se fija, no ha pasado nada. Ema sigue ausente.

Volvamos.

La segunda vez que Ema y yo hablamos por celular, aunque tal vez fue la primera vez. Ema  iba en transmilenio, yo la llamé, ella no respondió ahí mismo, luego devolvió la llamada, respondí, esperé que me hablará:— Hola Jota, soy…— Y claro que yo sabía quién era… la acababa de llamar y dije:— Hola…

Ese segmento nervioso y de silencio extraño, un poco imperceptible, hizo que Ema lanzara su primer comentario acerca del saludo y el esfuerzo de devolver la llamada, claro ella había usado el diminutivo de mi nombre y yo solo dije:— Hola. —Con largos puntos suspensivos que colgaban de una gran sonrisa, no dije su nombre porque no sabía cómo nombrarla en ese momento. Hablamos unos largos minutos sobre ello, ella habló más.

Si, ella habla más. Sonrisa.

Ema dijo lo que pensé en ese momento:— Menos mal tienes bonita voz, es importante. —En medio de nervios, yo le digo algo así como:— Estaba pensando lo mismo, es importante… —A lo que ella responde casi sin pensar:— Si, porque… qué tal el viernes nos caigamos mal, era mejor escuchar qué tal la chica… la voz… etc…

Risas.

Risas.

(no estoy exagerando las risas)

 

VII

Mi buena memoria

Se corta la llamada. ¿Es la segunda o la primera vez?

Los recuerdos entremezclados, batidos como un cocktail.

Ema en el supermercado, recorre los pasillos mientras me habla sobre su día y lo mal que la estaba pasando con la nueva administración en su trabajo. Creo que iba a comprar berenjenas o comida para el perro (gato). Ambas. ¿O eso fue otro día?

Un silencio, mientras ella pregunta sobre el pasillo de vegetales. O no, eso no lo recuerdo. Ese era su supermercado, debía saber dónde quedaba ese pasillo. El caso es que al doblar por alguna esquina…

¡Ah ya recordé!

Mi memoria no falla, es que yo estaba del otro lado de la línea, es lógico que no recuerde cada movimiento de Ema en el supermercado, porque a su vez, mientras ella me hablaba yo imaginaba cómo estaba. O sea que es un recuerdo de acciones imaginadas.

¡Increíble! ¿no?

Ven. Tengo buena memoria. Sin duda alguna. Ya los convencí de ello.

Cruce de pasillo, yo atenta a lo que sucede, Ema tropieza con una canasta de sandías, la sandía cae al suelo, rueda y parece que se parte un poco. Ema lo narra, preocupada porque la sandía cayó y ella se alejó de la escena del crimen, huía mientras me contaba y yo le dije entre risas:— No puedes huír, pobre sandía, ahí tiradita, sin ayuda… deberías volver y recogerla.

Insistí.

 

VIII

No me siento culpable

Ema, después de pagar. Vuelve a recordar esa escena con la sandía, y me dice:— Creo que yo no la hice caer, ya estaba ahí. —A lo que respondo:— Me dijiste que tropezaste, entonces si fuiste tú. —Ella:— No creo… ya estaba ahí. —Yo:— Pobre sandía, en serio, ahí toda tiradita. —Ella:— Jota, no vas a lograr hacerme sentir culpable por esa sandía.  —Risas. —Yo:— Esto está buenísimo para escribir un cuento: Mujer pelirroja, huye después de tirar a una pobre sandía.

Risas.

Ema no regresa por la sandía. Al siguiente día, mi primer mensaje es sobre la sandía, algo así como: Sé lo que hiciste en el pasillo de las frutas. —Ema responde:— Sigo sin sentirme culpable. —Risas.

 

IX

Todo para llegar aquí

El recuerdo, mal recordado. Pero recordardo.

Y la sonrisa de recordarlo, hoy.

El cuento de la sandía ahora existe. (Aunque sólo Ema lo leerá)

El recuerdo siempre ha estado ahí. Y ella lo sabe.

 

***

Dedicado a los anhelos de Clementina y Colombina

Sinceramente,

J

Ir al Martes

Mensaje de Texto de J-1

Ir a Tocoqueteos

Ir al Jueves…

#Día3
#DesafíosCreativos

 

Anuncios

Un comentario en “SEIS DE ALGO: EMA, EL MIÉRCOLES Y LA BUENA MEMORIA DE J

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s