SEIS DE ALGO: Ema, el martes y el mapa de la tristeza de J

“Ámame más, en esos días en los que soy menos.”

LosPetitFellas  – Antes de Morir

I

(Lento)

Han pasado ya dos meses, desde que Ema se fue.

Se fue.

Se fue.

Se fue.

Es cierto que se fue.

 

II

Un mapa y una historia.

El eco de mis recuerdos retumba en la habitación, hay un mapa que se dibuja en mi pared, un mapa real, como los que Ema adora hacer. Es un mapa que recorre las escenas de un escrito que llevo once años tratando de escribir y podría confesar de qué va ese escrito, sin embargo, no es el momento. Aún no ha llegado el momento. El mapa, tal vez, me lleva a conectar cada punto interno de la tristeza que siento. Tal vez, sea eso.

 

III

Era martes…

Esta noche recuerdo que esa madrugada me quedé inmóvil subiendo el puente, luego lloré en ese transmilenio, luego en vez de beberme todo el alcohol de mi casa, me tomé un vaso de agua con bicarbonato, porque sí, a esta edad las tristezas indigestan… y lo que quedó del día, se esfumó, no lo recuerdo. Era martes, sí era martes, ella había partido en un taxi la madrugada de ese martes.

Ya no me gustan los martes

 

IV

Me extrañas, lo presiento.

Esta noche lloré, y parecía una especie de tristeza ajena…

¿era mía o era tuya?

¿acaso Ema está triste?

¿acaso me recuerda?

¿acaso me extraña?

¿dónde estás?

Esas eran las preguntas que retumbaban en mi cabeza.

 

V

La distancia del click.

Quise escribirle un mensaje de texto, pero ese no había sido el trato, aunque no sabía si habían reglas, no las había, supongo, creo que eso dijo Ema en el taxi.

Hubiese querido vivir en una época en la que era imposible pensar en un mensaje de texto o en una red social, sería más sencillo aguantarse. Sin embargo, no hay que imaginarse esa época, porque así se siente la distancia y la ausencia, en esta época en la que todo está a un click de distancia y  las relaciones son como esas cartas que se perdían en el camino y los telegramas eran apenas comprensibles.

 

VI

Mensajes de texto.

Me quedé pensando, mientras los puntos del mapa parecían desdibujarse, tal vez derretirse, o tal vez se veían borrosos por los rastros que quedaban de lágrimas en mis pestañas.

Imaginé que le escribía un mensaje de texto a Ema, el cual decía:

¿Estás bien? ¿estabas llorando?

Luego, entre lágrimas, esa agua salada que no sentía mía, me di cuenta que no era mi tristeza, aunque al inciar el llanto era mío y luego dejó de ser mío. ¿Entienden?

Yo no.

Por eso imaginé dos respuestas posibles y poco probables de Ema:

Uno:

Ema diría: Estoy bien. No estoy llorando. (?)

J diría: Ah bueno, descansa…

Dos:

Ema diría: Wow, ¿cómo sabes que lloraba?

J diría: Porque empecé a llorar sin razón alguna y pensé que tal vez tu llorabas…

Ema diría: Si… estaba llorando… es perturbador…

 

VII

Tal vez…

No sabremos si Ema respondería esos mensajes.

Tal vez, no los respondería.

Tal vez, no lloraba.

Tal vez, si era solo el mapa de mi tristeza intentando ayudarme a no ahogarme.

Tal vez, me quedé dormida pensando en despertar a su lado.

Tal vez y solo tal vez, Ema si estaba llorando.

Así han sido estos dos meses.

Sinceramente,

J

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