DOCE DE ALGO: CARTA A UNA EXTRAÑA QUE ESTÁ EN UN LUGAR LEJÍSIMOS, EN UN DOMINGO CUALQUIERA

Ilustración por Lora Zombie

Ilustración por Lora Zombie

Dicen que todos los domingos son como el fin del mundo,
¿cómo sobrevives a ellos?”
Esta carta nació de #HelloStranger.
Escrita el 15 de enero en la mañana
y reescrita hoy 22 de enero.

 

Querida extraña,

El fin del mundo es un lugar hermoso, sabes. Y existe. Existe cuando lo imagino. Y existe también cuando me dicen que existe un lugar con ese nombre. Sobre todo existe porque yo creo que existe.

En algún lugar, anónimo, tal vez una pared, leí que el domingo era como el fin del mundo, y a mi el simple hecho de imaginarlo o sentirlo así, sobre todo hoy, me lleva a pensar las veces en las que he sentido al fin del mundo presente y ese presente se llena de recuerdos melancólicos, como la cola de una ballena que imagino que acaba de pasar po mi lado justo cuando apenas tenía 12 años y dibujaba cuentos en mi memoria por si la vida no me traía nada.

Recuerdo un lugar en el colegio al que llamábamos fin del mundo, quedaba después de la cancha de fútbol, detrás de un matorral, una especie de hueco en forma de cuna, entre maleza y flores amarillas, en el que nos escondemos para parchar, término que allí significa besarse. Y eso hacíamos secretamente, nos mandabamos notitas en clase, para citarnos en el fin del mundo y allí parchabamos en el descanso o después que sonara la campana y todos salieran corriendo, nos quedabamos ahí, jugábamos pico y botella o simplemente en medio de miradas tímidas nos robabamos besos y luego salíamos corriendo. También lo usábamos con mi mejor amiga de ese entonces, para recostarnos contra un árbol, capar clase (aunque a ella le daba afán de capar) y leíamos un libro, cada una se perdía en las páginas de un libro distinto y sin embargo era como leer nuestras mentes, cada una se contaba la historia, y ya sabes que cuando uno cuenta una historia así sea universalmente leída por los demás, siempre será tu punto de vista.

Eso me lleva a recordar a Ema, no sé si la conoces, tal vez sea muy prematuro que la conozcas, escribo sobre ella y es tan real que da mucho miedo, los domingos para ella son extraños, siempre siente que le falta el aliento y que la palidez la atacará por meses. Los domingos algo le sucede, es como un momento de introspección en el que todas sus manias y defectos se acumulan en un rincón de la casa y no logra hallar su caminar, es como sentir que no sabes cómo poner un paso delante del otro. Aunque para el domingo tiene otro punto de vista, que a mi se me hace difícil de descifrar, tal vez no sea como el fin del mundo pero se siente así cuando intentas ponerte en los zapatos del otro.

¿En realidad la palabra fin contiene el fin o es un comienzo? O más bien es algo que nos decimos para sobrellevar lo que nos da miedo y nos hace temblar. Es como cuando no te atreves a algo porque te es desconocido, tienes dos opciones o el miedo te paraliza y luego te arrepientes o al miedo le hablas y cambias su perspectiva, para avanzar hacia lo desconocido, eso que en el fondo quieres.

¿Es posible que exista el límite del fin del mundo? Tal vez no exista el límite, más bien está en nuestra mente, cuando construímos pensamientos limitantes o nos atamos a lo que ya aprendimos y no nos dejamos desaprender, y en realidad en desaprender es donde está el verdadero aprendizaje. Creo, siento y presiento que el fin del mundo, en un domingo cualquiera, es el momento de anticipar una oportunidad, de aprovechar sentirse tan agobiado y hacer algo con ello, seguro que sucede en la normalidad de la cotidianidad en la que todos andan ocupados en sus trabajos de oficina, o estudiando, o descifrando la vida con detalle, y llega el domingo como un descanso y sentirse una misma, eso abruma, el cuerpo se relaja y te deja ver lo que no habías reflexionado durante toda la semana, porque de ocupar el tiempo, la humanidad es experta, pero de sentirse y hablarse bajito y con dulzura estamos aprendiendo.

No entender al otro, no es lo difícil, sino comprenderlo, ahí se puede sentir que estamos al límite, en el fin, porque claro cuando comprendes logras tener en tu cerebro un corazón y el ego lo alejas para poder acercarte. Tal vez, el fin del mundo se siente más porque no comprendemos. Recuerdo una vez en la que ella me dijo que durante el lapso que dura un domingo, que  necesitaba a alguien a su lado para que la rareza no se le metiera por los poros y no la tumbara en la cama como si hubiese pasado un vendaval y este le hubiese dejado los crespos sin aire, sin vida. (no es una cita textual, es un recuerdo)

Recuerdo que pensé: yo te acompaño, así sea en silencio. Sonreí, seguimos caminando y la escuché atenta, con amor, pues era domingo y lo que ella quería era extender mi compañía, así se sintiera fuera de sí misma.

***

No sé a qué viene, este recuerdo, el ancla y el domingo, (aunque el párrafo del ancla lo borré) tal vez tienen ese mismo peso, en el que podríamos arrastrarlo sobre la arena y dejar a su paso un cráter profundo, un cráter que si lo ves desde la torre más alta, tal vez desde un faro, la luz de aquel faro traspasará cada grano de arena, la convertiría en puntos traslúcidos y verías que aquel peso, casi de ballena varada deja manojos de partículas que componen lo que serían las lágrimas, los reclamos, las ausencias, los miedos, los olvidos, vertidos en lo que callamos.

¿No sería mejor, si estamos en el fin del mundo: gritar?

 

Liberar

Soltar

Saltar

 

Dejarse ir.

Dejarse llevar.

 

Don de fluir.

 

Avanzar

Acercarse

Abrazar

Desaprender

prender

encender

brillos

chispas

fuego

calma

caos

Ser

luz

sombra

 

Tu

Yo

 

Nosotras

En realidad no sé cómo sobrevivir a los domingos, porque no quiero sobrevivir, quiero vivir y crear oportunidades, para abrazarte, si a ti, aunque estés en un lugar lejísimos y aunque te alejes cada vez que sientes que te acercas.

Ahora, siento que el fin del mundo, podría ser cualquier día y se parecería a esto que sueño:

Desde este lugar se puede ver el mundo, distante, pequeñito, se puede respirar con ambos pulmones, las ramas se enredan en el pelo, se puede rodar por las lomitas, se puede dormir bajo el cielo estrellado, se puede escuchar al silencio rondar, a la brisa nadar y a los pájaros revelarse ante tus ojos, generalmente no sabemos dónde queda, pero tus pies sabrán caminar y memorizar el camino, para trazar un mapa que te indique que ese lugar es el que buscabas.

 

¿Cómo sobreVIVES tú?

 

Sinceramente,

Juli

Ir a Tocoqueteos

***

PD1: Querida lectora/lector, los invito a corresponder estas cartas en los comentarios, para seguir escribiendo en este capítulo: DOCE DE ALGO.

PD2: Aquí pueden ver la respuesta a la pregunta: Todos los domingos son como el fin del mundo, ¿cómo sobrevives a ellos? para la sección #HelloStranger con @soylarizos

PD3: Recuerden que son cartas abiertas a la correspondencia (y como toda carta, siempre es para una misma o para alguien específico) que empezó en: ABRIL

PD4: Todas las cartas TOCA AQUÍ

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