Cap 1: El testigo. Usted.

Dedos entumecidos. De pies y manos.

¿Tiesos, tiesos?

Cabello enmarañado. Sucio, grasiento.

Hilo de sangre por fosa nasal izquierda.

Silencio. No existe.

Objeto 1: mano de maniquí

Objeto 2: arete

Objeto 3: golpe

Párpado inerte.

Luces del techo intermitentes.

Ruido eléctrico. A punto de fundirse.

Hinchazón en el pómulo. Recuerdo del golpe.

¿El golpe?

De pronto, de la nada, el ojo se abre y lo mira directo, si a usted, directo, atraviesa su pupila, y el filo de esa mirada se devuelve y atraviesa su sien, cuenta hasta 3. Quiere despertar.

—¿Está muerto? —usted se pregunta.

Tres, dos, uno…

El ojo parpadea.

La boca y los pulmones exhalan torpes, o al revés.

La faringe seca. Tose.

Se humedece los labios y pronuncia algo inteligible, mientras se le tuercen los ojos hacia arriba.

Pobre, atontado. Él. Sujeto de gabán y mirada perdida.

—Esta bien… no estoy muerto…

La sangre se rebobina.

Abre de par en par los ojos como focos de luz y trata de ponerse de pie.

—Pero alguien murió acá… las marcas del cadáver son evidentes. ¿No le parece?

La fuerza de sus brazos cede a su peso, en el espacio entre su pecho y el suelo se revela una silueta dibujada con tiza.

—¿Dónde está el cuerpo?

Una a una, las luces del supermercado, se apagan.

Oscuro. Oscurísimo.

Un grito ahogado. El de él.

—¿Alguien? ¡ayuda!

Suena una alarma, que se intensifica cada vez más.

Oídos sangran.

Los suyos, el testigo, usted.

***

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por @ClemSinOxigeno

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