Cap 3: En medio de una mar de interrupciones

Por el pasillo del supermercado, la luz halógena intermitente ilumina una fila de maniquíes:

unos sin ropa,

otro sin un brazo,

un par sin cabeza,

entre ellos podría estar yo

y claro otros sin dedos,

otros completos

y algunos están vestidos

con ropa de colores veraniegos…

Si, veraniegos, de esos que traen recuerdos que se deducen de las postales que colecciona Fido, clasificadas por décadas, la última que podemos visualizar es la de 1988, en la que una adolescente le envía a su sujeto del afecto, perdón amado, no… ehm, ¿cómo se dice? Ah sí, novio, una postal con una foto suya en bikini: “Espero verte pronto. besos, Ale.” Esto debe sonarles retro, como diría él.

Les aclaro que aunque yo no debería narrar esta historia, no encontraron a quién más adjudicar esta voz, sino al yo objeto, que ni por milagro podría mover los labios. Así que si sé demás, les pido disculpas, soy de esas no-personas que si pudiera tener algún día la oportunidad de socializar como lo hace todo el mundo, contaría aquel chiste al revés y no tendría ninguna gracia.

Ahora si dejaré de interrumpir la narración anterior, me reprogramaré y me mediré, ¡lo juro!

***

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por @ClemSinOxigeno

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