Pág. 5 – Mi madre siempre me decía: —Eres un alíen, eres un alíen.

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A los y las que me siguen o me leen y/o me conocen, saben que breve no soy.

 Así que esta vez, seré breve.

O no.

 Hoy 27 de octubre, me pregunto: ¿cuál será mi primera novela? Tal vez sea: “Desarmar el cuerpo” o qué tal sea: “Vixel”, tal vez sea: “La Mujer obediente” o tal vez sea: “Capital Siete” y si por el contrario vuelvo a re-escribir: “A solas”.

 ¿Quién lo sabe? ¿Quién?

 Desde hace un año había dejado de escribir. Y no encontraba la manera de volver.

Triste, muy triste.

 Todo era oscuro. Oscurísimo.

 Hice un pequeño viaje.

 Y en el viaje hice un gran ritual:

 Me subí en el mismo camarote, en el que hace muchos meses atrás había tenido un sueño y una pesadilla simultánea. Desde esa época hubo factores externos que no me permitían escribir. El pasado y el futuro colapsaron en ese mundo onírico y la parálisis literaria vino con mi mente después.

 Me subí, me acosté boca arriba, en la misma posición: con las piernas hice una especie de cuatro que mi mente cree que es un siete, la cabeza hacia el oriente (podría ser que yo supiera esas cosas), usé la misma pijama, mire el techo y repasé escena a escena aquél sueño/pesadilla, ese mismo que nos les podré revelar aquí.

Uní los mismos puntos del techo como aquella noche, dibuje ésa constelación imaginaria. Aguante el sueño hasta que marcara la misma hora. Se sentía la misma temperatura: calor infernal. El ventilador era el único que estaba diferente, no sonaba igual.

Me fui quedando dormida, separando lo que tanto me agobiaba y me tenía atrapada, me empecé a dejar ir, solté las amarras de mis párpados y en el sueño consciente, empecé a revivir las escenas de ese sueño y cambié el guion:

En vez de correr detrás del carro, ese carro en donde ella, la del pasado, lloraba mientras huía de mi, decidí ir directo al banco donde cargaban la batería de los celulares, esta vez quería cargar el celular, pero no para buscar un número que había borrado, sino para pedirle el número a la mujer de mi futuro cercano, a la mujer que en la vida real había conocido pero antes había estado en ese sueño. A la mujer que me había sonreído en ese sueño y que luego un mar de gente nos había separado. Esta vez, atravesé el mar de gente, aunque entendía porque nos había separado tanta gente, me acerqué, y le pedí su número, no me podría despertar sin obtenerlo y esta vez me dijo algo así:

32 033 902 33

4 más 1

3 más 3

suman 5 y 6

que suman 11

que suman 2

más 4

igual a 6

señal de humo

 Lo anoté tal cual, sonreí de vuelta y le dije: —Pronto todo tendrá sentido en la vida real, o algo así.

 El mar de gente me volvió a sacar del lugar como en el sueño original. Pero, esta vez, me fui tranquila, tenía su número, su señal de humo también.

 Supongo que después dormí profunda, como una bebita o una osa perezosa.

 Al día siguiente, al regresar del viaje, pude empezar a escribir una novela oscura que tardará mucho tiempo en ver la luz, pero que ya no me da miedo escribir. Y empecé a jugar con recuerdos de un guión que había escrito a los 16 años.

 Cuando llegué a la ciudad me animé a adaptar uno de mis guiones (ese de mi juventú), que tal vez sea un poco imposible de rodar o no. Así que lo adapté a novela corta, un ejercicio experimental. Un experimento que se aleja un poco de mi propia vida y me permitió jugar y recordar como era la niñita escritora que siempre he sido.

 La escritura volvió o es que siempre estuvo ahí. Ella nunca se va. Tal vez me fui yo. Tal vez son sólo bloqueos que nosotras mismas nos ponemos.

 Ese par de días, de madrugadas felices, me recordaron a la Juliana de siete años que empezó a escribir para oxigenarse, para jugar, para salirse de la realidad y poder vivirla de vuelta.

 Recordé lo que me decía mi madre: “Eres un alíen, eres un alíen”.

Y si, ese alíen interior y exterior, siempre ha estado ahí.

Aquí el resultado, un experimento, un engendro literario, una novela corta que se autodestruirá si la leen: VIXEL, versión beta.

Nota: Hace parte del diario de mi primera novela: Pág 5

Ir a página 4 del diario

Ir a página 6 del diario

Ir a Tocoqueteos

Por:

Juliana Ramírez Plazas

Escritora cotidiana

 

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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