Lunes cotidiano # 13: Rodeos para leer en voz alta (pág. 2)

Rodeos by ClemNota: Hace parte del diario de mi primera novela: Pág 2

Rodeo I

Una vez, viendo/escuchando/leyendo/sintiendo como los escritores hacen lecturas en voz alta, en auditorios, o a amigos en tertulias o lo que sea que hagan para tener esa necesidad de leer en voz alta, me pregunté, ¿será que todos los escritores por defecto están destinados a leer en voz alta a otros, a sus lectores? ¿o lo podemos hacer de otra manera?

¿Será lo mismo que dicen que un escritor que no lee no puede ser escritor?

¿O un escritor que no lee en voz alta a sus lectores no podrá ser un escritor o ser leído?

***

(Esperen un momento, alguien toca a la puerta.– J se levanta mientras ustedes bajan hasta el siguiente párrafo.)

(Se escuchan pasos que se arrastran y se detienen justo con el golpe de la puerta que se cierra.)

***

(Mi gata intentaba entrar al estudio. – dice J mientras se sienta y continua con sus cuestionamientos cotidianos que le surgieron porque una lectora que más que lectora, fue oyente del borrador de su primera novela, la saludó: “Y ajaaaá señora lectora”, esta expresión hizo corto circuito aquella mañana, generando un sin fin de preguntas acerca de leer en voz alta, como si su identidad de escritora fuera cuestionada o más bien no se identificaba con ser lectora. ¿Qué creen?)

***

Y ahí viene la cuestión, un escritor escribe y un lector lee, ¿cierto?

¿No es muy extraño que el escritor se vuelva lector de su propio texto leyéndole a otros en voz alta?

¿Entonces se vuelve lector y se aleja un rato de ser escritor y ahora los que eran sus lectores, se vuelven oyentes que imaginan otras vez lo que ya han leído y crean otros mundos gracias a la voz del escritor que ahora es lector?

Entonces, ¿no es un poco narcisista leerse así mismo y para colmo de azares descubrirse allí, en medio de esas letras que hace rato no habían sido leídas por el mismo autor?

Así podría divagar toda la tarde de este no lunes, acerca de la extraña e irremediable sensación que me genera eso de leer obras propias en voz alta.

Rodeo II

Generalmente leo en voz alta si, pero me leo a mí misma, camino de un lado a otro, hago entonaciones de las voces de los diferentes personajes, a veces mis testigos son mis gatos o una grabadora que copia mi voz. Luego escucho la grabación y ya dejo de querer leer, es muy raro escuchar el reflejo de tu voz, se siente como verse en el espejo, pero es el reflejo imaginario de cómo crees que los oídos de los otros te registran. Porque en realidad no todo el tiempo estás escuchando tu propia voz en un dispositivo, en cambio el reflejo en un espejo lo ves cuando te lavas los dientes todos los días, ¿ven?

***

(Llamada entrante, J mira por el rabillo del ojo, a ver de quién se trata: Número desconocido, lo deja sonar y sonar, piensa que si ignora la llamada podría concentrarse y encontrar la mejor manera de narrar esta cotidianidad, pero en verdad sabe que si no responde a la llamada, el no saber de quién era el llamado , no la dejará concentrar, así que se lanza a contestar y al darle al botón verde, han colgado. Vuelve la mirada a la pantalla y mira la hora, como si las 17:33 le estuviera haciendo un guiño, se le pasa por la mente, hacer un refresh rápido a alguna red social, se abstiene… 1, 2, 3… logra abstenerse. Teclea la letra C, durante 7 renglones, subraya y borra todo.)

***

Rodeo III

A veces leo en voz alta, a ciertas personas que se cruzan en el camino y siento esa necesidad de leerles de la manera en cómo mi mente narra, cómo mi voz se escucha allá adentro y cómo, a veces, hay ciertas frases que se crearon a partir de su sonoridad y estas no se pueden por ningún motivo leer de otra manera.

***

(Aunque esto no es una interrupción, como las anteriores, cabe notar, que durante el anterior párrafo, J sonríe de oreja a oreja, la razón: es porque recuerda una frase de un guión que escribió para su web serie, en el cual las actrices en el casting, no lograban captar que aquella frase, la quería escuchar como su mente la había concebido, tenía un ritmo y sonoridad que marcaban la intención y el tono del personaje, muy importante para la escena. Al final se alegró que una actriz lo notara.)

***

De hecho hay pequeñas líneas que deberían tener un pie de página con la instrucción adecuada para ser leídas o en su defecto y aprovechando la tecnología la autora debería grabarse así misma y leer ese instante de fraseo, justo en el momento en el que se originó.

Rodeo IV

La primera vez que leí el borrador de mi primera novela a una persona real, (de hecho fue hace poco) descubrimos (la lectora/oyente y la lectora/escritora) que para poder empezar a leer, se necesitaban diferentes tipos de rodeos, irse por las ramas, mientras los nervios se asentaban en algún lugar de la traquea o en la punta de los dedos para dejar que la retina y la voz se conectaran por fin.

Los rodeos consistían en risas, sonrisas dibujadas, preguntas que no tenían que ver con la lectura, las ramas crecían hacia otros temas, hasta que me di cuenta que estaba contabilizando el número de rodeos que interrumpían mi inicio de la lectura, incluyendo hablar en voz baja para mí misma, uno que otro chiste sobre los nervios (claramente mal narrados, soy pésima con los chistes) alguna que otra anécdota.

***

(J cierra la ventana, spotify aún no le coge el tiro a sus gustos musicales, suena una instrumental que la desconcentra. Últimamente, le es muy difícil concentrarse cuando se trata de tantas ideas creativas al mismo tiempo y que salen todas a las vez, en un desorden… J vuelve a la página en blanco.)

***

Rodeo V

Esa noche, sólo iba a leer el primer capítulo de mi novela (Desarmar el cuerpo) y sólo iba a llegar al fragmento de Ema que más me gustaba, ese que me hace sonreír porque me encanta imaginar a Ema cuando apenas tenía siete años. Esa noche alargó sus ramas literarias, se extendió hasta enredarse con la luna, en medio de algunas interrupciones: gatos exigiendo atención, un globo terráqueo que se tambaleaba iluminando el set de la oyente desde su mesa de noche, la caída de un trípode improvisado, skype que a veces intentaba caerse o deformar mi voz como si fuera un robot traído de un cuento para niños, hasta mi propia voz dudando de algunas palabras, la sorpresa de un capítulo que ni yo recordaba haber escrito.

***

(Posible ruido en: uno, dos, tres… suena el teléfono fijo, J mira de reojo y se pregunta si alguien va a contestar, luego recuerda que no hay nadie, piensa: “No debería tener teléfono” no le presta atención y sigue escribiendo, tratando de evitar sus propios rodeos y antes de ello, piensa: “Ya deben estar aburrido de leer tanto rodeo”)

***

Rodeo VI

Leer en voz alta un texto propio es terminar de desnudarse, es sobre exponerse , desarmarse ante el otro, los extraños y los cómplices. Es como estar en una playa nudista literaria, entre las pieles, los versos, la prosa y el oleaje de susurros que se escuchan del otro lado. Leer en voz alta y compartirle al otro un poco de una misma.

***

(J recuerda a su lectora que es más bien su oyente: “En realidad ella fue la que dijo lo de la playa nudista” eso lo piensa porque todo tiene que ver con desarmarse ante el otro, a propósito del título de su novela. A su pensamiento agrega: “Gracias a mi lectora/oyente/somnolienta, por escuchar mi primer borrador de mi primera novela” acto seguido piensa que su voz interna va a escribir aquí mismo que su yo no se calla, aunque en realidad iba a decir: “Tanto rodeo para decir gracias”.)

***

Rodeo VII

Gracias.

Gracias a la Mona por escuchar.

Nota: Hace parte del diario de mi primera novela: Pág 2

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Por:

Juliana Ramírez Plazas

Escritora cotidiana

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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3 comentarios en “Lunes cotidiano # 13: Rodeos para leer en voz alta (pág. 2)

  1. lalasofie dijo:

    Me parece increíble tu habilidad para narrar. Gracias por darnos a tus lectores tantos momentos de desconecte y sabrosura literaria. En voz alta y en voz baja lo haces muy bien. Un abrazote.

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