Lunes cotidiano # 10: Alicia en la eterna página 96

Fotografía de Luc Dupin

Fotografía de Luc Dupin

Once a eme, sigue al conejo

Luego caí en las páginas adictas de “Alicia en el país de las maravillas” y me quedé pensando qué frase escoger, porque la ilustración de Alicia jugando criquet con el flamingo llenaba un cuarto de página y era imposible contar quince renglones sin regalarle 23 palabras al azar. Así que me di a la tarea de medir con la yema del dedo índice la cantidad de palabras que daría con exactitud la medida de un renglón de esa edición del libro, así fue como terminé escogiendo tres palabras que en los tres conteos me dieron la sexta palabra: -Alicia-al-comienzo- (Me imagino que ustedes están igual que Alicia al comienzo, tratando de coger al tal flamingo de las patas para darle un golpecito al erizo y no caerse en el intento)

Hasta ahora, sentía que mi niñez galopaba entre páginas y los recuerdos evocaban mi hambre por la lectura, cosa que ahora es un poco más delicada y menos afanosa.

Medio día, la hora express y la hora más ridícula del día

Ahora estaba bajo el polvo de: “El libro de los amores ridículos” que si mal no recuerdo, es un libro prestado que jamás devolveré, a juicio y honor de todos los libros que presté con un minucioso inventario y que no fueron devueltos en el tiempo justo o por lo menos en la misma ciudad y a los otros que terminaron en Buenos Aires bajo el dominio una chica que no sabe leer.

Justo la página 96, era la página dónde había dejado el separador del libro, esto podría indicar que nunca termine el libro o que otra persona, tal vez su dueña o dueño original habían quedado en ese fragmento del libro. Aunque las indagaciones de esto tendrían que ver con la obligación de llamar al sujeto y preguntarle, dado el caso que esa conversación fuera extraña y me preguntara si yo tenía su libro, tendría que devolverlo y la conversación se iría por el penoso accidente de las cosas prestadas, eso que mi madre siempre me discutió o que dice haber inculcado: -Devuelve las cosas, uno nunca se tiene que quedar con lo ajeno- Y así sucesivamente podría hacer el inventario de esas cosas de las que mi madre alguna vez debatió y por las que luché para que quedaran debajo de mi cama en una maleta de viaje, sin embargo, ¿quién dice que son ajenas? Tal vez, algunos nos quedamos con esas “cosas” para tener excusas para volver a esos lugares, o para que nos reclamen y tener ese rato de conversación, o por el simple hecho de que ya no sabemos si hay un límite entre lo que es tuyo o lo que es del otro cuando ambas partes conviven en cotidianidades. Eso me recuerda que mi padre siempre pone su firma en cualquier objeto que es de su propiedad, cuando niña pensé que mi madre también tendría esa firma en algún lugar de su cuerpo o en alguna prenda. Luego aprendí que a los humanos no se les hacen marcas de ese tipo y menos que se refiere a ellos como propiedades. (Dejando de lado, todas las atrocidades históricas) Luego recuerdo que mi padre no lo habría hecho, porque él mismo había armado un motín en contra de los sellos de caritas sonrientes en mi pre escolar, su argumento es muy valioso y por ello creo que alude mi resistencia a admirar los tatuajes en pieles ajenas y no en mi propia piel. Él decía que las personas no somos ganado para ser marcados, ni reos, ni prisioneros de guerra o refugiados, que no debía nunca dejar marcarme con ningún tipo de sello, dígase de tinta o metafóricamente hablando. Así es como la frase que me queda de la página 96, del capítulo titulado: “Falso auto stop” resume un poco lo que acaban de leer: -hasta había llegado a inventarse un sistema especial-

Este #LunesCotidiano continúa a las: Dos pe eme del 27 de abril.

  -No olvides compartir-

Por:

Juliana Ramírez Plazas

Escritora cotidiana

Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

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2 comentarios en “Lunes cotidiano # 10: Alicia en la eterna página 96

  1. escribientesencharcados dijo:

    La intimidad de tus escritos alienta a seguirte leyendo. Y más cuando citas a Alicia. Fue una lectura que descubrí bastante tarde, suele ser una lectura juvenil mayormente, pero a pesar de la edad el impacto de la obra fue tan grande que siempre conservo elogios para la obra y, sobre todo, comparto esa visión de mundo tan fuera de lo común y personalísima. El relación con Kundera, tengo pendiente la obra que citas, quedé muy entusiasmado con “La insoportable levedad del ser” en el que aparece un apartado que se corresponde más o menos con uno de los temas que tratas:”la invención de un sistema especial”. Kundera se refiere a una especie de “vocabulario”, que no son solo palabras sino acciones que tienen significado y que con el tiempo cada persona crea. Así la oscuridad, por ejemplo, puede ser visto por alguien como positivo porque lo acerca al misterio de lo desconocido, mientras que a otro le disgusta porque crea desorientación. Lo vivencial y práctico en la obra de Kundera aparece cuando en las relaciones amorosas (se incluye la amistad) hay que aprender a compartir “vocabularios”. Personalmente creo que cuando el mundo interior de uno es muy rico y variado se vuelve muy problemático. ¿Te sucede también a ti de la misma forma?

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