DOCE DE ALGO: CARTA A L, UNA EXTRAÑA EN LA PLAYA

#JuevesRaros

#JuevesRaros

(Escuchar mientras se lee)

Querida L,

(Escrito a finales de julio)

Me alegra que esta correspondencia haga bonitos estragos en la vida de la otra. Brindo porque lograste irte, levantarte y estar en otro lugar, te estás encontrando contigo, aunque aún todo sea confuso, en este momento tu carta me llega envuelta en una sonrisa que aunque se siente nostálgica, brilla un poco desde este lado gris de la ciudad. Me queda resonando eso que dices de darte cuenta que aunque te cuesta querer, los lazos son muy importantes para ti, me resuena como el eco de una frase inconclusa, de hecho me identifica. No sé de qué manera las cartas llegan en su justo momento o simplemente es lo que pienso por el momento en el que estoy, no te pasa que a veces buscas respuestas y abres un libro en una página al azar, lees la mitad de una frase y ahí está lo que querías escuchar. O lo que siempre he pensado respecto a los libros, ellos te encuentran, generalmente nunca sé qué libro leer, sino que leo los que me encuentran, creo que en eso se parecen los libros a las personas, llegan y a veces te atreves a leer una página cualquiera o decides leerlo de principio a fin, así también se parecen a las personas, salvo que los libros se quedan contigo y las personas a veces deciden irse por otros caminos.

(escrito a finales de agosto)

Aunque tú carta llegó hace rato, la he respondido de varias maneras, pero ninguna de la maneras me sonaban a las palabras con las que quería corresponder. Estos tiempos aquí en la ciudad, entre la cinematografía, las decepciones y el frío no me dejan sensaciones bonitas sino vagas ideas de esas mismas sensaciones. Cuando vi tu carta en  el correo, debo decir que verla me puso contenta, aún sin saber su contenido es grato recibirla. A veces pienso que es muy grato que exista una correspondencia entre personas extrañas y a veces desde el mismo punto de ese pensamiento me entristece darme cuenta que las personas han perdido la dedicación a cultivar todo tipo de relaciones, tal vez deba incluirme, no lo sé, me sorprende que varias personas que no conozco respondan estas cartas, algunos anónimos y con posdatas de no querer ser públicos y sin embargo seguir la correspondencia, pero lo que me sorprende con tristeza y desdeño es que las personas que si conozco y son cercanas no responden mis cartas, ahí es cuando toda clase de preguntas se vienen a mi mente:

-¿serán las personas incorrectas?

¿serán cercanas?

¿será que en realidad me leen?

¿será que todas las palabras dichas de frente se

caen por su propio peso y pierden significado?

¿será que no vernos con tanta frecuencia hace que

no quieran tener un atisbo de cercanía

por medio de la correspondencia?

¿será que en nuestro hoy, las cartas

son consideradas monólogos?

¿por qué serán tan cobardes?-

Pensar esto me agobia, debo confesar que a pesar de ser una persona con medio cerebro virtual, amo las cosas simples, la sencillez de una nota escondida al margen de la página de un libro, las cartas escritas a mano con el temblor de la piel, las notas en servilletas o en porta-vasos, las intenciones escondidas entre lo versos de canciones, los mensajes que descubres con el vapor en un espejo, los post it escondidos o los graffitis con mensajes ocultos.

Siento que la inmediatez de nuestro hoy hace que todo sea menos humano, sea menos trascendental, todo es tan práctico, como una frase:

-en un chat,

sin comas,

sin contexto,

una frase escrita

con miedo

y a medias.-

Es como aquél libro del que me hablaron o del que escuché, que terminaba con una frase a la mitad (…) tal vez el escritor tenía una idea fija en que el personaje se quedaba sin respiración o al final moría y esa frase contenida en la mitad de su correspondencia adquiría el significado de un adiós, de un vacío que seguramente al lector hizo pensar y repensar todas las quinientas páginas que había leído con tanto fervor durante ese mes de fidelidad rotunda. Algunos seguro pensarían que les estaban viendo la cara de pendejos, otros se habrían quedado con las lágrimas contenidas y por una semana entera habrían pensado:

-¿qué quiso decir fulanito?

¿porqué terminó así?

Ahora,

¿qué será de nosotros sin esas palabras?-

Aunque no he leído el libro y tampoco me dan ganas de buscarlo y aclarar esos cuestionamientos, ya sabría desde este momento que no quisiera una frase:

-inconclusa,

pendiente,

pesada,

atravesada,

sin contenido…-

Aunque la frase se ajuste a todos los parámetros cómodos de la buena gramática y redacción. No hay nada más hiriente que una frase:

-suelta,

sin viaje,

sin alma-

Como si nada hubiese pasado entre esas personas, no importa si se trata de un café a media mañana, o una cita después de meses de no verse, o la visita del viejo a la casa. Las palabras deben ser certeras, dichas con gana, deben ser valientes, cargadas de franqueza sean para noticias negativas o positivas, deben decirse bien o mejor no decirlas. En estos momentos no sé si me comprendas, tenía que escribir y dejar dicho lo que pasaba por mi mente (y más adentro).

(escrito justo cuando leí tú carta)

Hoy esta carta suena fragmentada, como mis sueños de madrugada… no te pasa que sueñas con varios lugares, como si viajaras de un lugar a otro, buscando algo que no encuentras y luego en medio del sueño te despiertas a las dos a eme, te das cuenta que no estás en tu cama, luego vuelves a quedarte dormida con la luz del faro en la cara y luego te despiertas a las tres a eme, te das cuenta que estabas soñando con los reencuentros en un lugar que ya no recordabas que existía en la ciudad, luego de la nada te quedas dormida, tronchada con los ojos llenos de lágrimas y te despiertas a las cuatro a eme, agitada buscando el borde de la cama y te das cuentas que estás en un carro y sólo puedes ver el parabrisas que se mueve violento contras las gotas de lluvia, te vuelves a quedar dormida y sueñas que subes unas escaleras que se vuelven eternas, te das cuenta que no son tus pies y que hay un espejo a tu lado en el que el punto de vista cambia y estás viendo desde adentro del espejo a la persona que caminaba contigo pero no se pueden tocar… me pasa…

(escrito a la víspera de septiembre)

Me pregunto si en ese lugar en el que ahora habitas temporalmente has encontrado personas que te escuchen, o como tú tía que debe estar divirtiéndote con sus relatos de viajes y escapes rutinarios de la familia, me alegra pensar que alguien como ella te identifica con una parte de vos. Ahorita todo es un:

-manojo fragmentos,

todo está patas arriba,

todo está del lado contrario-

Como cuando llegas a un lugar nuevo después de haber tenido muchas:

-desventuras,

decepciones,

malos tratos,

caminos sin fin,

conversaciones eternas,

suplicas sin milagros,

lágrimas sin retorno,

insomnio sin nombre…-

Y te lanzas en esa cama que no es tuya y en vez de volar y caer sobre nubes para descansar, te das un tremendo golpe, que si estás de suerte o más bien alguien te ve puede tornarse a una anécdota graciosa de viaje de la que van a hablar día tras día hasta que a alguien le pase algo similar o más gracioso, si no es el caso, siempre intento ver el lado bueno y reírse de una misma nunca está de sobra.

Espero poder estar más coherente para la próxima carta. Me gusta tu correspondencia, cuando llega me roba una sonrisa aunque el día esté a medio hacer.

Hasta la próxima carta.

PD1: Ojalá de ese lugar remoto en el que habitas temporalmente, puedas traerme algo que me lleve a otra parte.

Sinceramente,

J.

PD2: Querida lectora/lector, los invito a corresponder estas cartas en los comentarios, para seguir escribiendo en este capítulo: DOCE DE ALGO. Gracias

PD3: Esta fue la respuesta al comentario de L en esta carta: LEE AQUÍ

PD4: Recuerden que son cartas abiertas a la correspondencia que empezó en: ABRIL

PD5: Todas las cartas TOCA AQUÍ

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2 comentarios en “DOCE DE ALGO: CARTA A L, UNA EXTRAÑA EN LA PLAYA

  1. L dijo:

    Querida J,
    Hace una semana que volví a casa. Sé que ya te he hablado de lo lejana que me siento de algunas personas, de lo diferente que me siento de mi familia, pero creo que este viaje ha hecho aún más grande la diferencia. Este viaje me permitió acercarme más a mí misma, y la verdad es que, entre más cerca estoy de mí, más lejos estoy de las personas a las que quiero. Te confieso que una parte de mí no quería volver. Una parte de mí quería bajar del avión y correr y estar lejos para siempre.

    Extrañaba algunas cosas de casa: Estar envuelta entre mis propias cobijas, el café que siempre tomo a las 5 de la tarde, o por ejemplo tener tiempo para sentarme a pensar en absolutamente nada mientras escucho alguna canción de Ismael Serrano. En este viaje no hubo mucho tiempo para tomar café o para no pensar y menos para estar sola, porque fue un viaje de conocer a otros y de estar con otros. Es curioso cómo siempre lo que se extraña son los detalles cotidianos que estando en casa son tan normales y poco notorios. Pero volviendo al punto, este fue un viaje que me permitió conocerme más y ser más yo misma de lo que nunca antes había sido. Me di cuenta de que me he obligado a ser diez mil versiones de mí, siempre para agradar a los demás (supongo que es como escribir una historia diferente, dependiendo de con quién estoy). Pero esta vez fui la versión más real e hice y dije cosas que nunca me atrevería estando aquí. Imagino que por la distancia y por la gente. Como me gustaría poder volver a empezar de nuevo la vida. Que este viaje hubiera borrado todo el pasado, y todos los errores, y todo lo que soy y ya no quiero ser. Pero volví a casa y la vida de la que huí me seguía esperando…

    Tal vez pienses que debería hacer de cuenta que este es un nuevo comienzo y que de ahora en adelante puedo ser yo y nada más, pero la verdad es que, aunque lo desee con el alma, no puede ser así. Estoy amarrada a una historia y a una vida y peor aún: a unas personas. Ha sido una semana difícil porque me he dado cuenta que ya no puedo seguir aquí. Y no me refiero a este país o a esta ciudad, sino que simplemente no puedo seguir rodeada de la gente que quiero, no sólo porque me lastiman, sino porque yo también lo hago. Y siento unas ganas terribles de agarrar mis cosas y de irme a un lugar donde nadie me conozca, y donde pueda empezar de cero, siendo quien realmente soy. Me resulta dolorosa esa sensación de ser una perfecta desconocida entre aquellos que son importantes para mí.
    Por ahora no estoy segura de lo que voy a hacer. En una semana más tendré mi título de la universidad, y por alguna extraña razón espero que ese día me abra la oportunidad de irme de aquí, no sé a dónde, a perseguir algo que tampoco sé lo que es. Mientras tanto espero. Intento respirar, no pensar en historias de muertes, ni sentirme sola cada vez que pienso que aquellos que me quieren se van a ir para siempre, el día en que descubran quién soy realmente. Al fin de cuentas me tengo a mí ¿Necesito algo más?

    Yo también sonrío mucho cada vez que recibo tus cartas. A veces ni siquiera las leo cuando llegan, porque me gusta reservar un momento especial del día para hacerlo, ya sabes, con calma. Es lindo poder compartir con una extraña (que cada vez me parece menos extraña) aquello que no me atrevo a compartir con otros que me conocen de toda una vida.

    Respecto a tu regalo (ese que quieres para ir a otra parte) te dejo esta foto, es del último día que fui al mar, antes de venir a casa. Era un día demasiado nublado, pero como pocas cosas en la vida me traen tanta alegría como lo hace el mar, quería tener una foto que pudiera ver cada vez que lo extrañara, para poder recordar su color, su sabor y la sensación de estar sumergida en él. Espero que cuando la veas sientas todas esas cosas bonitas que yo pude sentir en mi viaje.

    Esta vez te mando un abrazo desde el calor de mis cobijas que tanto extrañaba. Ya quiero leer noticias tuyas.
    Cariños,
    L.

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