SEIS DE ALGO: EMA Y LOS BUENOS DÍAS

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 (Escuchar mientras leen: toca aquí) 

 

I

Hoy me desperté, como es costumbre sin despertador, a las 4 a eme, caminé por el pasillo, me enfrenté al faro de la calle que siempre raya mi rostro, entre abrí los ojos pero esta vez, yo había sido más audaz que el destino, tenía puestas mis gafas oscuras, así que la luz del faro no me rayaba la cara, ni intranquiliza mi hora perfecta para estar despierta, antes que la mayoría del mundo. Leonela camina entre mis piernas, estiro los brazos, abro la ventana y escucho los pajarillos de esa hora, suenan tan distinto a otras horas del día, eso me hace sonreír, Leonela insiste en que le preste atención y mientras la sigo, ya que tengo todo el flow, me pongo el celular en la oreja como si se tratara de un radio viejo y escucho una canción que me hace brillar y bailo un rato, mientras Leonela vuelve a su discurso de que debería prestarle atención, a ella, sólo a ella, así que la cargo y bailamos, entre risas intento no hacer ruido para no despertar a Ema.

II

Mi costumbre es romper la rutina, a veces me quedo esperando el amanecer, o que el faro se apague a las seis cero cinco a eme y vuelvo a la cama. A veces me da por cocinar a esa hora, algo que nadie va a comerse, aunque Ema dice que ella se lo come porque en realidad si le gusta como mezclo ingredientes, esa es su manera de decir que nunca deje de hacer desayunos para la hora del desayuno y desayunos para la hora de la cena, pero que nunca haga cena de cenar, ni almuerzo de almorzar, ella es muy sutil. A veces me quedo imaginando escenas de lo que será mi siguiente relato, a veces me imagino brillos o se incrusta en la retina una imagen que repito en loop para no olvidarla, a veces también tomo nota.

III

Vuelvo a la cama o ya estaba en la cama, de hecho ya estaba soñando, en el sueño me susurraba una voz que me decía algo así como: “More and more”, no recuerdo si se trataba de esa imagen recurrente de estar sentada en el sofá y que Ema se siente encima mío, es una cosa rara, pero me gusta montones soñarla así, frente a frente y con esa tensión de la primera noche de dos amantes que apenas se conocen y han compartido una conversación, vino, un baile y tal vez solo tal vez ya se hayan regalado canciones.

 

(Escuchar mientras beben café: toca aquí) 

IV

De pronto de la nada me encontraba sentada en la cocina, desayunaba café, ese era el día de hacerle trampa a la taquicardia, beber café y contener ese sabor amargo en la garganta. El silencio de esa hora de la mañana me gusta porque rompe con alguno que otro ladrido de algún carro que frena misteriosamente, como si hubiese atropellado a alguien y luego se echa a la fuga. Me gusta pensar que los films están afuera mientras me los imagino por sus sonidos, como ese sonido que hace Ema del otro lado de la habitación. A veces cuando trabaja en casa, saca cosas de bolsas o algo así, y me imagino que está comiendo algún dulce o chocolate a escondidas, como si fuera una niña chiquita que esconde un gran tesoro de caramelos, a veces grito sin levantarme: “Amor, ¿qué comes?” y ella se asoma con una dosis de picardía en su mirada y me dice que no come nada, pero tampoco me dice que hace para dejar que mi imaginación siga jugando. A veces también la espío a hurtadillas cuando hace esos sonidos y he pillado qué es, pero siempre es mejor dejárselo a la imaginación, ¿o no?

V

Ema no estaba, mire la hora y era tiempo de que ella despertara, me entretuve con un reguero de sticky notes que estaban unos encima de otros, desordenados, mil notas sin sentido, parece que el mantel fuera de papel con tantos papeles regados, como un film de Gondry, empecé a organizarlos como si empezarán a cobrar sentido para mí. A veces cuando escribo, dejo notas por toda la casa, frases aleatorias que tiempo después retoman su camino o se pierden y vuelven a aparecer pegadas en el cabello de alguien, o ese mismo alguien las encuentra y en ese justo momento el contenido de la nota cobra sentido para ella, como aquella vez en la que Ema encontró un post it pegado en la caja de la comida de Leonela, decía algo así como: “A veces necesitamos quedarnos sin palabras…” Para ella fue una revelación que me contó mucho tiempo después.

VI

De pronto escuché un golpe, me levanté rápido, las sticky notes cayeron al suelo, fui a ver qué había sucedido, en el camino me imaginé que el avión de madera por fin se había convertido en uno de verdad y por su peso se había caído el techo, sin embargo, era imposible que eso sucediera porque de ser así, Ema y Ulises habrían salido despavoridos de la habitación. Me asomé y todo estaba tranquilo, Ema dormía aún, mire el reloj, todavía es hora de que ella se despierte, revisé las otras habitaciones, y encontré el desastre, Ulises estaba metido en un balde de pintura el cual no sé cómo llegó ahí y cuando me acerqué, detrás del enorme perro, estaban las fotografías de Ema, todas embarradas de neo existencialismo canino, aunque en el primer momento todo esto me causó mucha gracia, como siempre a mí la risa me viene cuando menos debería salir, el perro intentó escapar pero yo lo agarré del pellejo, —¿y ahora cómo salimos de esta?

Ya con ese interrogante, me había vuelto cómplice de Ulises, luego pensé: debí haber matado la curiosidad con mi imaginación acerca de aviones y me debí quedar inmersa en el universo de las sticky notes, que por cierto me estaban revelando una estructura cinematográfica que no había visto acerca de mi nuevo algo de algo. Me senté enfrente del perro, y le hablé como le hablan los dueños a sus hijos: —ahora, que el desastre está hecho, podemos inventar que es parte de la exposición… aunque si lo pensamos esos hermosos edificios con esa luz que ella sabe dibujar nunca tendrían ese color encima, ¿por qué no escogiste otro color? A ver, perro, ¿por qué no escogiste otro día?—

VII

El plan era el siguiente: lavar al perro, limpiar las fotografías, intentar dejarlas tal y como las había soñado Ema, volver a la mesa con mis rutinas y el café que por cierto debe estar frío y las sticky notes ya debieron tomar camino por sí solas. Todo esto debía hacerlo, según las manecillas del reloj de pared, en menos de 45 minutos, hora en la que se supone Ema debería ya ir tarde para su exposición. Se preguntaran por qué razón dejo que ella duerma y se despierte tarde, sin embargo, aunque tendría dos páginas y media, más un verso para contarlo, no tengo tiempo en este instante, así que tendrán que esperar el tiempo que sea necesario.

VIII

Las ideas siempre son fenomenales en la mente, como cuando quieres ir de paseo a algún lugar romántico y te imaginas la puesta de sol a la medida, la comida a la medida y los besos a la medida, sin embargo, la idea del amor es tan lejana a la idea absurda de que la realidad es un concepto mejor o por lo menos lo es en el concepto que yo tengo de amor que consta de dos partes importantes: complicidad y besos, antes era complicidad y sexo, sin embargo, los besos son más tiernos si quieres ligar para algo serio, serio con una mujer y si dices besos, estos siempre te llevan al sexo. También cabe aclarar que no creo en los conceptos, ni siquiera en los que me estoy inventando en este instante mientras intento limpiar al perro, creo que el amor más bien podrían ser los buenos días y las buenas noches que te reconfortan venidas de otro ser humano que también te da besos, ¿no? No hay medida para hablar del amor y así toda la mañana podría llenarse de negaciones de las mismas afirmaciones. Bueno, entrando en materia de lo que nos atañe en este capítulo, me quedan treinta minutos antes de que Ema despierte, es decir, que “lavar” al perro con papel de cocina es el único recurso que me queda.

IX

Perro amarrado y acurrucado en la cocina con un peinado sicodélico que le dejó el rastro de pintura amarillenta en su cabeza, fotografías en orden en medio de la sala, J limpiando la última fotografía mientras su duplicado piensa que E es una gran fotógrafa de edificios y pinta bonito con la luz. Ahora se pueden imaginar el mundo de los sueños de J, unas personitas como del tamaño de un pulgar se organizan en filita para arrastrar cuidadosamente cada fotografía y llevarlas en orden a la caja. Ése mundo perfecto se viene abajo con el ladrido del perro, J lo mira y su mirada suscribe un texto en el aire: —¿por qué ladras perro?— J se pregunta una y otra vez, si el perro pudiera responder o más bien J diría que le salen subtítulos: —¿por qué me amarras si es culpa tuya dejar la pintura abierta?—

X

Suelto al perro, mi tarea ya está casi lista, según mis cálculos en…

XI

En medio de los segundos que tardo en pronunciar los minutos que hacen falta para que Ema se despierte tarde, ella entra a la cocina, con la siguiente idea: ¿Por qué ladra Ulises? acto seguido Ulises el perro traidor se contonea hacia ella y le lame la cara, aunque Ema nota algo en el pelaje de su fiel amigo, no dice nada, me equivoco: —¿Qué le hiciste a Ulises? ¿por qué no me despertaste si estás despierta desde las 4 de la madrugada?— Mientras ella alega, prefiero no discutir, es su gran día y ya va tarde, por culpa mía según los registros de esta mañana. —¿Por qué no programas el despertador?— Me pregunto sin decirlo en voz alta y le preparo un té o una agüita de frutos rojos o algo rojo que hay en un frasco marcado con su letra, parece otro idioma que no entiendo, espero sean frutos rojos o matas de Jamaica, lo huelo y se siente rico, así que con mi sonrisa encantadora me giro y además del agüita aromántica, le doy los buenos días. Ema recibe el agüita: —¿de qué es?— Cuando voy a decirle de qué es, me interrumpe: —Ya voy tarde, me voy a vestir— Sale de la cocina con afán y detrás el perro traidor.

(Escuchar mientras están sentados: toca aquí)

XII

Me quedo sentada con el agüita de dudosa procedencia, recojo las sticky notes y me doy cuenta que nunca me había preguntado de qué color es Ema, no es que las personas normales se pregunten eso después de sentirse que no les prestan atención, ni saludan adecuadamente, bueno menos mal no soy normal, me causa un poco de risa preguntarme eso o que me lo pregunten, me imagino que soy de color naranja, como diría una amiga, mi aura es anaranjada. Pienso que Ema no tiene ningún color, cuando ella no está me la imagino como un tintineo de brillos y colores que juegan, como si la tocara el sol o ella misma fuera el sol. Y a veces es tan oscura, como la noche, que es fácil perderse en ella, con ella y sin ella también.

XIII

Ema sale más guapa que cualquier otro día o de un montón de días en los que yo la veo así de hermosa, con esas botas bonitas y ese cinturón que le marca la cintura, la espero en el sofá, mientras ella divaga a toda prisa, algo sobre llegar tarde y sobre el reloj que no encuentra y algo logro entender sobre lo que sucedió con el pelaje de Ulises, la miro, si, solo la miro, ella me mira, me sonríe de mal genio: ¿por qué te estás sonriendo así? a lo que yo respondo intentando no morir de risa por todo lo sucedido con el perro, lo cual será un secreto hasta la noche: Por nada amor, yo siempre estoy sonriente, ¿no? Ema se pone la chaqueta y me provoca decirle algo así como: Qué bien te ves, tenías que ser mi novia pero hasta ahí llega la desproporción de mi amor en voz alta, no se crean que no estoy molesta yo también. Coge la caja, me mira de nuevo, voy a estallar de risa, me dice que gracias y se va gritando que nos vemos en la noche o algo así.

XIII

Sin buenos días, ¿con cuáles buenas noches te voy a recibir…? esa es la pregunta que podría haber rondado mi mente, si no entendiera la mirada de Ema cada vez que me mira, cuando ya no me mire así, me preocuparé. Aunque ya entrados en gastos, podríamos planear un escándalo nivel 2,5, en el que me moleste un rato, hasta que me de risa por molestar tanto y caiga por mi mala actuación y ya todo termine en besos y…

XIV

Mi mañana fue más productiva que ese plan macabro de molestar a la novia, en ese instante en que pienso que soy una genia por encontrar todos las sticky notes perdidas, me doy cuenta que faltan algunas ideas prometedoras, pero ya no tengo sticky notes, así que le escribo un mensaje a Ema: —Se me acabaron las sticky notes, me compras un par- seguido de un emoji sonriente con la boca cerrada. No obtengo respuesta en el chat y sigo con mi labor.

XV

Pasé la tarde o lo que quedaba de ella, arreglando el desastre del piso pintado de amarillo y escondí el balde en otro lugar, bañé al perro, mientras Leonela nos mira como si ella viviera en un mundito de burbuja donde nadie la toca, muy sabia ella hacerse siempre en las alturas. Al pasar varias horas, recibí un mensaje de Ema: —risas y el link de una canción: Yeah Yeah Yeahs – Kiss Kiss a lo que yo no respondí… En ese momento no sé si se ríe porque le dije que me trajera un par o porque ya debió darse cuenta que le dejé una foto de Ulises y yo limpiando las fotografías.

 

(Escuchar mientras se sintonizan: toca aquí)

XVI

La casa está empapelada de sticky notes, bueno la sala, no hay que exagerar, escucho que se abre la puerta pero no me muevo, la música está bajita y yo estoy ensoñada con el nuevo relato, miro la pared sin mosquearme. Ema se sienta a mi lado, acaricia a Leonela que está en mis piernas, Ulises la saluda, ella saca una fotografía que olvidé limpiar de pintura (lo hice a propósito), ella la pega en medio de las sticky notes de colores, cuando se vuelve a sentar me da las gracias. Me da un beso en la mejilla y me dice: —Estos son los días en los que necesito quedarme sin palabras contigo— Estoy a punto de ponerme a hablarle como una loca sobre el perro traidor y ella me pone su dedo sobre mis labios y me susurra: —Amor, buenos días.—

Y así, son los días en lo que yo me quedo sin palabras y sin sticky notes para inventarme esas palabras que ya leyeron ustedes. Mientras pienso eso, Ema me susurra que me trajo más de un par de sticky notes, y me sonríe en un beso.

 

Por:

Juliana Ramírez Plazas

A veces,  Jules Anyways

Aquí toda la temporada de Ema: TOCA AQUÍ
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2 comentarios en “SEIS DE ALGO: EMA Y LOS BUENOS DÍAS

  1. Pingback: ClemSinOxigeno

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