DOCE DE ALGO: Carta a L, una extraña en invierno

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(Escuchar, bailar y luego salir: click)

Querida L,

Esta carta no sé por dónde empezarla, quería contarte sobre mi viaje, pero ya debiste leer otra carta. Luego pensé en el presente y no en el viaje, entiendo todo lo que me cuentas y no te veo como una loca, todos tenemos esos días eternos en los que caemos sin poder levantarnos, justo después del viaje, había renovado toda la energía posible pero como todo, las cosas adentro llevan tiempo así que este fin de semana que pasó, estuve quieta, no quería hacer mucho, mire el techo a ver si se me ocurría algo, raye un cuaderno un rato, inicié tres libros sin engancharme con ninguno, me vi seis films aleatorios, casi que los elegí al tín marín, (imagino que sonríes) Pensé que si las veía así, alguna de esas pelis me iban a decir algo y luego de la tal búsqueda, no encontré mucho, salvo que un par me dieron algunas ideas para nuevos escritos que quien sabe cuando saltarán al papel (como si fuera tan sencillo) ahora que lo pienso, estuve desconectada de mi entorno, no lo entendía y respondía mal a cualquier interacción, no te pasa que al parecer algo anda bien allá adentro, eso que llaman espíritu, pero la nave, el cuero, la piel, eso que llaman cuerpo todavía no se acomoda, esa incomodidad, aunque parezca una situación de otro planeta, es lo que puedo deducir en este momento en el que te escribo, entonces como no nos acomodamos, nos estrellamos, hasta que logremos encajar adentro y afuera, ves, qué difícil es ser una.

Creo que con esta carta, no lograré animarte, sin embargo, a pesar de la hora y el día cualquiera en el que me leas, piensa que HOY es un día para despertar, levantarse, no importa si es de noche y por tu ventana no veas a nadie, y que del otro lado de la cama nadie te susurre que todo estará mejor (para esa laboriosa tarea están las extrañas como yo), es un día con atmósfera nocturna para saltar y no mirar atrás, quedarse en el centro de algún sitio, tengo un poco enredado todo lo que tengo que decirte, porque aunque andes en ese lugar tan oscuro, ya verás la luz, yo acabo de salir de ahí, lo que entiendo del adentro, es que depende de ti, si todo tu cuerpo está apagado, pues cierra los ojos, apágate, cierra la habitación, apaga la luz, y como ahora no te gusta ninguna de tus canciones, escucha la que yo te ordeno escuchar, muévete como el vaivén de un metrónomo, descuelga los brazos, y solo muévete, no pienses en que quieres morir, pues no hay que tenerle miedo a ese momento inevitable, pero tampoco hay que querer llegar tan rápido, aunque no soy la persona adecuada para decirlo, cuando muramos nos transformaremos y evolucionaremos en otra vida, solo que hay que dejar el curso natural y no inventarse muertes, no tiene sentido. Hoy, la muerte no tiene sentido, la lluvia si tiene sentido, porque puedes salir a mojarte, como nadie de carne y hueso te toca, las gotas de lluvia si pueden tocarte, y puedes sonreír no importa sino sonríes involuntariamente, la idea de estas instrucciones es que obedezcas, yo puedo convertirme en lluvia, ya que no tienes imaginación o eso crees, pues yo empiezo a caer como rocío muy cerca de tu casa, así que sal, ¿qué esperas? ¿por qué sigues leyéndome? Siempre hay tiempo después para volver a estas líneas.

Ahora que volviste, seguro que te sientes medio atontada por hacerme caso y tal vez ni llovía por tu casa, y tuviste que usar una regadera o la manguera del vecino, espero seas creativa y ahora uses esa imaginación para dejar de pensar en esas ideas de cómo morir (no son nada creativas) y más bien escribe en cómo mejorar esos relatos y me convenzas en la siguiente carta, creo que debes dejar de ver por la ventana y ver parejas adormiladas por las rutinas, más bien mira los detalles de las ventanas con las cortinas cerradas e imagina que una persona extraña está a punto de despertar, no importa si solo piensas que el tal señor de apellido Neto, se levanta después de masturbarse y se sirve un cereal con café, no importa si no crees que es creativo. Creo que debes dejar de concentrarte en lo que no puedes hacer sino seguir instrucciones mientras vuelves a despertar, tampoco me preocuparía por sentirme vacía, ya que al estar vacía es el mejor momento para notar que a veces solo tenemos adentro cosas que nos llenan y por eso andamos tan pesados, si ya no estás llena, intenta ver que te estorbaba para llegar a esa desolación.

Tal vez es hora de escuchar otra música, la que corre por la calle, tal vez es hora de probar comida que no te gusta, tal vez ahora te guste, tal vez aprendí que las personas que están más cerca, necesitan de la distancia para volver a encajar con una, a veces hay que irse, no todos nos entienden y tampoco tienen que hacerlo, creo que las personas están y son, en ciclos del camino, no para siempre, no importa si la rutina de esos besos se vuelve un letargo, en algún momento volverán a besarse como la primera vez, y tal vez esa mujer de la que te hablé solo era una distracción de ese entonces para no pensar en otra historia con la mujer que quería y con la que tampoco funcionó, porque yo estaba como tú, enredada en la tristeza, en querer llenar como loca y me daba miedo el vacío que ahora aprecio.

Sentir miedo es una motivación para dar pasos hacia el cambio, sólo hay que ser pacientes y por favor sal de la cama para poder cruzarnos en alguna acera y no ser zombies., presiento que no lo serás.

Cariños y buena vibra,

Sinceramente,

J.

PD: Querida lectora/lector, los invito a corresponder estas cartas en los comentarios, para seguir escribiendo en este capítulo: DOCE DE ALGO. Gracias

PD1: Esta fue la respuesta al comentario de L en esta carta: LEE AQUÍ

PD2: Recuerden que son cartas abiertas a la correspondencia que empezó en: ABRIL

PD3: Todas las cartas TOCA AQUÍ

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2 comentarios en “DOCE DE ALGO: Carta a L, una extraña en invierno

  1. Rocío Zea dijo:

    Querida J, hoy te escribo desde la playa.
    Han pasado 6 años desde la última vez que había visto el sol escondiéndose en el mar, y justo hoy vi un atardecer precioso que me hizo decidir escribirte. Estoy en un país extraño, con una lengua que no es la mía y que me cuesta comprender. Pero han pasado cosas buenas: he vuelto a despertar temprano, a tomar el desayuno que me gustaba cuando era niña y a sentir el sabor del mar en mis labios. En las tardes voy a la playa o a tomar café y entonces me distraigo observando a las personas. También he vuelto a inventar historias, aunque creo pueden estar bastante más alejadas de sus realidad, a comparación de aquellas que invento por mis calles, ya que no siempre logro entender el total de sus conversaciones y en otras ocasiones la diferencia cultural hace que me sea difícil leer los lenguajes particulares que tienen los rostros. Llegué hace dos semanas, pero planeo quedarme hasta mitad de septiembre. Debo confesarte que decidí este viaje luego de leer tu carta. Le verdad es que me llegó desde hace semanas, pero en ese instante no fui capaz de responderla. Ese día no pude bailar, pero por estos días sí que lo hago. No voy a decirte que ahora estoy bien, creo que mis ideas siguen bastante confusas y aún tengo momentos, sobre todo en las noches, en los que vuelvo a las historias sobre mi muerte. Pero hago algunas cosas, conozco gente, voy a la playa, escucho música nueva, y hasta terminé ese libro que había empezado desde hacía meses. Aunque no esté bien, estoy ocupada en lo novedoso y eso me distrae de mis fantasmas.
    Aquí vive mi tía. Es una mujer de 50 y tantos que siempre ha tenido mala fama en mi familia. Llegó aquí hace unos 18 años y en este momento va por su tercer divorcio. No puedo decir que la conozca mucho realmente, me cuentan que de niña me dejaban por semanas enteras en su casa, pero la verdad es que casi no tengo recuerdos de esa época. Ahora estoy aprendiendo a conocerla y debo decir que por primera vez en la vida siento que tengo algo en común con alguien de mi familia, ya que compartimos más que la mala fama. Y entonces pasamos horas fumando y tomando cerveza mientras yo le cuento de mis amores y ella se queja de su poca experiencia con los hombres. Ella me insiste todos los días para que cambie mi vida por una en este país, pero la verdad es que, aunque no tenga un alma muy patriota, siento la terrible obligación de cambiar algo en el lugar donde nací, eso sin sumar que estoy unida a un terrible cariño por algunas personas que lo habitan, y sin las cuales me parecería aburrido vivir. A veces pienso en esas personas que nunca voy a conocer, pero que si conociera me cambiarían la vida, y me pregunto cómo puedo vivir sin ellas y entonces me doy cuenta de que aunque me cueste tanto querer, los lazos son muy importantes para mí.
    Te diré que no seguí tus instrucciones, pero te agradezco desde el fondo de mi alma por tu carta, porque me hizo sonreír y me dio la fuerza para levantarme de la cama y hacer mi maleta, y llegar a un país que me obliga a levantarme todos los días, aunque no lo quiera. La verdad es que tengo miedo de volver. Tengo miedo del futuro. Tengo miedo de mí.
    Tenías razón, los viajes son reveladores.
    Hasta la próxima carta.
    L.

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