DOCE DE ALGO: CARTA A UNA EXTRAÑA EN JUNIO – querida L

Fotografía by Leanne Surflee

Fotografía by Leanne Surflee

 

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Querida L

Hoy llegó tu carta en medio del desorden en el que vivo, aunque tiene fecha de abril. Ya no hay invierno, acá hay un verano extraño del que tampoco hay que fiarse, acá el clima a veces se parece mucho a la prerrogativa que tenemos algunas personas por cambiar de opinión a cada momento. Confieso que empecé a escribir varias líneas, antes de saber qué decir después de tanto tiempo de espera. Decidí ir al mismo café y allí logre escribir detrás de unas fotocopias de un libro repetido y empecé esta carta con el final, deseándote un feliz viaje en esos buses llenos de historias, la otra noche estaba en la sala oscura, en un evento al que me invitaron, salí de allí un poco contenta, caminando sola, enredada entre las historias que se me pasan por la mente sobre las personas que evitan chocar contigo en la calle, cada vez, la ciudad se hace más imposible y al gente pierde contacto con la otra gente, nos volvemos entes y zombies de ésas prótesis que llevamos ancladas en los oídos, el punto es que trate de chocarme con todas las personas que me evitaban, por lo menos esa noche había podido salir de casa y respirar otros aires (aunque no te hagas ilusión porque estos aires están llenos de smoke y otras porquerías) cómo esa sustancia química que se genera a las cuatro de la tarde, con colores ocre y texturas otoñales, una ve el atardecer y se enamora, pero luego alguien a tu lado te comenta así de la nada que se trata de las partículas de la contaminación que se fusionan con el oxígeno y generan ese color tan hermoso y a la vez tan destructivo, siempre he querido que esa escena, tal y como la viví estuviera en alguna de mis películas.

Ahorita recuerdo leyéndote que una vez de tantas, lloré en un bus, aquélla vez, había pasado una noche de desplantes con una persona con la que salía, parecía que el universo no quería que siguiéramos saliendo y después de un par de cervezas, de un aguardiente regalado, de interrupciones absurdas con personas que le hablaban a ella de libros perdidos o prestados, yo no le pude decir lo que había pensando durante una semana atrás, así que me fui en ese bus, ella no se detuvo en esperar que me fuera y quedaron pendientes las palabras esa noche, es una noche muy vieja pero me acordé por los llantos que me cuentas.

Regresando al presente, sigo pensando en las personas pendientes, con relatos pendientes, de esas cartas que no tuvieron correspondencia y se quedaron en algún cajón, con palabras gritando en desorden, con palabras que se quedaron sin voz, también pensé en esas personas que en la distancia están más presentes que las personas que frecuentas de vez en cuando. Ahora mismo, después de escribirte, pienso que dejaré el café, dejaré una nota traviesa por si alguien la encuentra, caminaré un rato sin rumbo y luego… no sé que pasará luego… tal vez mi carta vuelva a llegar a otro destino.

 

Sinceramente,

J.

 

PD: Recuerden que son cartas abiertas a la correspondencia que empezó en: ABRIL

PD2: Respuesta a la carta de “L” en los comentarios de la primera carta: TOCA AQUÍ

PD3: Todas las cartas TOCA AQUÍ

 

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Un comentario en “DOCE DE ALGO: CARTA A UNA EXTRAÑA EN JUNIO – querida L

  1. Rocío Zea dijo:

    Querida J.
    Te confieso que estoy teniendo días difíciles y que últimamente yo soy esa extraña que llora en los buses, con mucha más frecuencia. La verdad es que quisiera poder explicarte lo que ocurre, y contarte alguna situación particular a la cual atribuir mi tristeza, sin embargo ésta se debe solamente a los vacíos que he encontrado recientemente en mi vida. Y de repente, ya no quiero levantarme de la cama, porque siento que no hay ningún lugar hacia donde deba ir, tal vez soy yo la que se ha quedado vacía. Y entonces tengo miedo de perder la capacidad de fijarme en los detalles pequeños que siempre me habían llenado de felicidad.
    Hace mucho que ni siquiera me atrevía a tomar un lápiz para escribir, pero hoy tu carta me ha animado a salir un rato de la cama, a mirar por la ventana y a inventarme historias para los desconocidos que estaban pasando por la calle. Vi algunas parejas que se besaban apasionadamente y otras que parecía que ya lo hacían solamente por costumbre. Pero mis historias esta vez, no estuvieron tan buenas como lo eran antes. Tal vez es porque también se me ha quedado vacía la imaginación, y a veces creo que en ésta sólo hay espacio para una historia que últimamente me acosa y no me deja pensar en algo diferente, esa historia es la de mi propia muerte. La he inventado de diez mil maneras diferentes: en algunas de ellas, voy caminado por la calle y el carro de un desconocido me arranca el aliento para siempre, en otras soy yo quien se vuelve mi propia asesina, y en algunas más, simplemente dejo de respirar mientras duermo. Debes creer que me estoy volviendo loca, y te juro que en algunos momentos yo también lo creo así. De repente, ya no sé en qué estación estamos, ya no me preocupa el frío, ya no quiero bailar ni besar extraños para intentar sentirme menos sola. Las canciones que antes me gustaban, han empezado a parecerme aburridas, y los sabores de las comidas tampoco llaman más mi atención.
    Ahora mismo estoy pensando en las personas que están presentes en la distancia que tú mencionas. Hace poco una amiga cercana me preguntó por lo que ocurría conmigo, y a pesar de que la conozco de hace varios años, no fui capaz de explicarle cómo me siento, porque sabía que ella no lo iba a comprender. Y sin embargo me atrevo a contártelo a ti, porque de alguna manera siento que estás presente. Algunas veces es difícil conectarse con las personas e incluso puedes pasar toda la vida sin conocer a quienes te rodean, tengo la impresión de que eso le pasa a las parejas que se besan tan sólo por costumbre. Me pregunto si eso fue lo que te ocurrió con la mujer de la que me hablas, que tal vez no pudiste conectarte nunca con ella, y por eso las palabras que tenías para decirle se quedaron guardadas. Tengo mucho miedo de salir a la ciudad y seguirme chocando con zombies, de ser yo la que pierda el contacto con las personas y simplemente deje de escuchar.
    Por mi parte, yo deseo que tú encuentres por estos días en la calle, ese alguien que sea capaz de escucharte a ti.
    Mientras tanto yo seguiré esperando tu próxima carta.
    Cariños,
    L.

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