DIEZ DE ALGO: Luto y otras vanidades

Cotidianidades de los objetos by Jules Anyways

Cotidianidades de los objetos by Jules Anyways

   

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Instrucción: Esta autoficción la puedes leer de norte a sur o de sur a norte.

Luto I

Mañas adquiridas.

VIII

Desde que nos vimos, ésa última vez, empecé a llevar tú bufanda, para dormir, para caminar por el pasillo, para verme en el espejo, la llevo puesta para todo lado, es como llevarte a cuestas y sentirme liviana al mismo tiempo. La gente me pregunta porque llevo todo el tiempo ésa bufanda, les digo que no es cualquier bufanda, es sedosa, en realidad no es una bufanda pero no sé de qué otra forma llamarla sin nombrarla con tu nombre y que a su vez su denominación no cambie el calor que las bufandas comunes y corrientes emiten. Seguro que en la “normalidad” de otra persona, este tipo de prendas solo decora un cuello, no lo calienta, no lo acompaña.   

Luto II

La gente en mi dormir.

 VII

Lo que más me gusta es que todavía huele a ti, pero ya un poco más a mí, así que a veces me confunde si el tiempo pasa o sigues a mí lado. La gente me pregunta, (la gente más cercana, en algún momento dejaré de llamarla gente y las nombraré, hoy no es ése día para nombrar a nadie), dicen: si ésas mañas mías de dormir tan raro, de dormir sin ropa, de dormir con la ropa puesta como polizonte, como estando lista para irme, para huir, con esa maña de dormir como acampando en mi propia cama, encima de las cobijas y tentando al frío con una cobijita de sala de tv. La gente me lo pregunta o pienso que la gente se pregunta porque no tengo una pijama, o porque no duermo bajo las cobijas, o porque no duermo dónde está la almohada, a todas esas cosas me les encojo de hombros, son mis rarezas, mías, sólo mías. Es mi comodidad, no me gustan las pijamas que combinan, no me gusta ni siquiera como suena la palabra “pijama”, ni a los que las nombran como “p.j” y menos cuando les dicen: “piyamas/pillamas” de cualquier modo estorban dichas o puestas, me gusta estar empelota, eso es lo que más me gusta, pero a veces con las roomates es más fácil andar con ropa cómoda del día y nunca quitársela, es como que cuando te vas a dormir, te vas a otro mundo y te puedes ir con la ropa que quieras o sin ropa, entonces porqué no pensar que la misma que llevo o no llevo puesta me la puedo imaginar en el sueño. ¿por qué no? Si cuando yo me duermo, realmente estoy más despierta que con los ojos abiertos. Esto mucha gente no lo entiende.

Luto III

El saco, mi padre y la luna.

 VI

Si la gente supiera que también adoro mi saco de escritora y nunca me lo quitaría dentro de mi propia casa y mi propio sueño y mi propio imaginario. Ese es otro ser que huele tan bien, tan a mí y mí soledad y mis ratos eternos de escritura… ése saco nadie lo entiende… o como el saco que guardé de mi padre y lo llevé toda la adolescencia, es que los objetos dejan recuerdos sensoriales, no lo había pensado porque no tenía esa necesidad de explicar la naturaleza de una cotidianidad, hasta que la gente empezó a hablar de tu bufanda, como si fuera un tema de propiedad para ellos. El saco de mi padre, de abuelito, de hilo, vino tinto, sin un par de botones, lo llevaba para dormir, me gustaba abrazarlo porque así sentía a mi papá cerca, porque siempre estuvimos lejos, en ciudades lejanas y en conversaciones un poco sin trascendencia: “¿cómo está el clima? ¿qué hay de nuevo, qué hay de viejo?” a esas preguntas nunca sé qué responder, no sé que es lo nuevo que podría estar pasando si todo se vuelve viejo en un instante, y del clima ni hablar, acá no cambia, es el mismo, así que cuando me lo pregunta, veo por la ventana y me invento otro clima o digo que llueve aunque no llueva, o digo que estoy viendo la luna aunque desde esa ventana no se pueda ver, eso amo de mi padre que ama el cielo como yo, siempre me habla de la luna o de los animales que resuenan en la madrugada, allá en la ciudad que él habita y que yo sueño.

Luto IV

 Objeto y olvido.

V

El caso es que amo los sacos de mi padre como compañía, como cómplices y como lo más cercano que tenemos. Y ahora no es que esto implique que ame tu bufanda, la gente me pregunta si mi luto por vos va a durar tanto tiempo y yo en realidad no estoy de luto, estoy tratando de dejar en claro que hay un motivo para que un objeto se vuelve una compañía, mientras sus dueños dejan de estar distantes. Como cuando la gente presta cosas con las ansias de que les devuelvan sus cosas preciadas o la gente que deja cosas olvidadas para tener excusas para volver a esos lugares o a esas personas.

Luto V

La luz y el tórax.

 IV

En tu caso eso es un poco difícil porque vas a estar distante siempre, ya que decidiste, aflojar e irte tan lejos, que ese lejos ni siquiera lo puedo pronunciar, aunque no es que la muerte me de miedo porque en realidad no creo que la muerte sea el fin, el otro día mientras veía una película de Von Trier, me pregunté que había del otro lado, de esa experiencia de morir, me acordé de otra película en la que se morían por unos segundos y tenían experiencias extrasensoriales, luego me acordé que una vez vi la luz, cuando doné sangre, le entró una burbuja de aire a mi vena o algo así, tuvieron que resucitarme. Para mí fueron como 10 mil horas viajando hacia la luz, recuerdo que me despedía de los seres que quería en ese momento, ellos pasaban enfrente mío en unos monociclos y sus rostros eran recortes de revista de caras que sonreían y me decían adiós (muy circense la estética), yo flotaba, en cámara subjetiva y veía mis manos que también flotaban e intentaban tocar o alcanzar la luz divina. En un santiamén, desperté o más bien me revivieron, vi a la enfermera que casi me mata, me estaba resucitando, mi amiga de ésa época universitaria me miraba preocupada, pálida, aunque era morena se le notaba bastante que casi muere del impacto. En realidad había estado así menos de un minuto. Claro, es que en nuestro tiempo mental del subconsciente, el tiempo es tan sin tiempo. Luego nos fuimos de allí y le conté a cada persona que me encontraba, que acababa de despertarme de la muerte, casi me sentía una vampira, la gente decía cosas como: “¿en serio? ¿ahorita?” sí es que la vida se va en un parpadear, como vos, que ni pensaste en lo que dejabas. Creo que los que se mueren son bastante egoístas, pero luego pienso que los egoístas son los que quedan porque como no saben qué pasa del otro lado, se quedan llorando y sintiendo, así como yo y tu bufanda.  

Luto VI

Un cartel y mi pelo corto.

 III

El otro día te vi, menos mal eras un cartel, me habría ido de bruces si estuvieras en tiempo presente, aunque bueno, de chiquilla veía a mi abuelo y a mi bisabuela que habían muerto años atrás y se aparecían para acompañarme a dormir. La gente decía que tenía mucha imaginación, pero es que esa misma gente que te lo dice es la que se muere sin creer en nada, ni siquiera en su propia imaginación, así que nunca les hice caso. Estabas en un cartel, en aquel lugarcito ecuatoriano al que nunca fui, decía que a las 5 de la tarde darías una charla sobre esos temas queer, feministas de los que tanto hablabas, como ya sabía el lugar y la hora, me fui para volver, esta vez si me quedaría, fui y me puse esa blusa que tanto te gustaba, la verde petróleo, con un pantalón negro y botas, esas que me hacen ver más alta de lo que ya soy, me alisé el pelo porque la pesadez de los días, el ahogo de tu bufanda cuando discutimos por tu ausencia y el mal humor de los lunes tenían mi melena sin aire. ¿Si te conté que me corté el pelo?, pensé mucho en ti cuando ocurrió ese accidente, pero no lo pensaba porque lo hiciera por ti, ya sabes que nunca me cortaría mi melena, lo pensé porque tú siempre tenías esas discusiones contigo misma sobre el pelo, sobre la identidad que reflejabas y con la que te identificabas, decías que cambiar de color o cortárselo era un cambio con tu propia identidad, que así, en serio se sentían los cambios, bueno, en ninguno de los casos estoy de acuerdo salvo en el de identificarme, claro, después de ese penoso accidente, me quedé sin melena, la gente me veía y me decía que estaba regia, vayan a saber esas personas que es ser una, eso es un territorio de una, no me identifico con esa no melena que ahora llevo y por eso me recojo el pelo tanto. Ahora creo que no va a crecer nunca, pero creo que eso solo es una sensación de sentirse estática y por eso no veo que crezca.

Luto VII

Las medias bifurcadas.

II

Bueno volviendo a mi blusa verde, me la puse tal cual ese día que salimos a bailar, ese día que fue el más triste de todos, creo que ni siquiera valía la pena recordarlo, ya no me gusta recordar que bailábamos como si no existiera el tiempo, ya no me gusta recordar que me fui antes de la hora y lloré en un bus y desee no haberte conocido nunca. Luego me bajé en la parada que no era y tuve que caminar, mientras tu también caminabas en otro lado de la ciudad preguntándote porqué lloraba, así que volviendo al presente caminé hasta el lugar ecuatoriano, recordando eso, recordando que ya no estabas y habían mil razones para no volver a los lugares donde te recordaba (aunque el ecuatoriano no era uno de esos), ni siquiera a las personas que me conectan a vos, no eras tampoco esa persona que realmente necesitaba como lo pensaba, igual te fuiste, a ese lugar donde los muertos no vuelven, me detuve en la esquina y vi que recogían el cartel, debieron darse cuenta que nunca llegarías y ahí me di cuenta, que eras un espejismo, de esos que una ve cuando pierde la razón, en un sin sentido que se vuelve cíclico como los ratones de laboratorio que corren en esas ruedas sin llegar a ningún lado o los peces que nunca saben que están en una pecera porque no tienen memoria y así es que me sentí cuando me devolví, me quité la bufanda que no era mía, la boté en cualquier lugar de la ciudad, me quite las botas y tiré las medias, cada una en direcciones opuestas para que nunca se encuentren o para que no las encuentre la misma persona.

Luto VIII

Aprovecharse del desamor

I

Caminé descalza por las calles, seguro que la gente tiene ahora otra cosa que anotar sobre mis rarezas, caminé hasta el fondo de mi habitación y escribí este cuento haciendo de cuenta que estabas muerta, no sé cómo querías morir, sin embargo, tus cenizas están bien donde quiera que estén, no sé porque te cremarían pero así es. Lo bueno de poder escribir y reescribir nuestras auto-ficciones, es que podemos matar a los que ya no queremos recordar, pero nuestra mente insiste en que son relatos interesantes y nos hacen recordar una y otra vez, eso lo pensé mientras releía el cuento y luego pensaba que la gente pensaría que seguía de luto y que no podría escribir algo triste sintiéndome contenta, ya me he aprovechado bastante de mi estado inmerso en el desamor, ¿no les parece?

“Había que escribir sin para qué, sin para quién. El cuerpo se acuerda de un amor como encender la lámpara. El silencio es tentación y promesa”. Pizarnik.
Por:

Juliana Ramírez Plazas

@ClemSinOxigeno

A veces Jules Anyways

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