DIEZ DE ALGO: Soledad, mesa para dos

Fotografía por Sophie-calle-les-dormeurs-1 (causalidades en Btá)

Fotografía por Sophie-calle-les-dormeurs-1 (causalidades en Btá)

 

Escuchando a solas (click) 

Soledad I

Nadie te llamó. Nos seguimos encontrando.

XII

“Nos vimos y nos veremos siempre”, pensé, así yo tuviese que volverte a dar la espalda. Se escuchan los tambores mientras ella está concentrada en su celular, la veo un poco delgada, como si se estuviera desapareciendo, de repente sentí que ya no la quería y me dije: “¿Cuántas veces tendré que despedirme?” Esa fue la última vez que te vi, fue el día más distante, estábamos en la 39, hacía frío pero yo tenía calor y te miraba de lejos, te miraba como si ya no te conociera y era cierto ya no te conocía. “Nos veremos siempre”, pensé otra vez y hoy resuena este párrafo como un loop.

 

Soledad II

Eterna contradicción.

XI

La vida, ese correr del tiempo, esa ciudad que nos sigue juntando por las personas que ya no tenemos en común, es que para despedirse hay que irse lejos, hay que caminar muchas cuadras, hay que cambiar de ciudad, hay que juntarse con otra gente, hay que herirse las extremidades, así estas virtualidades, estos pormenores de la tecnología sigan insistiendo en que existimos. Y hoy escribo, para des-escribirte de aquí.

 

Soledad III

Una Vez…

 

X

Una vez nos besamos, una vez almorzamos, una vez nos miramos, una vez nos quisimos, una vez correspondimos, una vez fuimos amigas, una vez de mil bailamos, una vez fuimos cómplices, una vez nos dejamos de querer, una vez nos herimos, una vez nos escribimos, una vez jugamos, una vez de veinticuatro hora nos miramos, una vez dormimos, una vez reímos, una vez nos mentimos, una vez lloramos, una vez nos volvimos a querer, una vez nos soñamos y de una buena vez nos dejamos de ver.

 

Soledad IV

Una y mil veces, lloré.

IX

Estaba enfrente de esa caja mágica y vacía, esa que a ti no te gusta y que yo tengo como colección noventera: la tv. Estaba haciendo zapping, con los canales en mute, como si no quisiera escuchar sino inventarme lo que decían, a mi propia conveniencia, ese poder deberíamos tenerlo cuando vemos televisión, para no aguantar esos insufribles diálogos que a veces no van a ningún lado, aunque a veces se parecen a la vida real, así como cuando me dijiste por segunda vez adiós dudando de tus propias palabras. En este capítulo, esa no es la historia, mi gata saltó en la cama y sin querer o porque el destino quería (eso lo habrías pensado tú) se le quitó el mute al televisor y me quedé conectada, me quedé como si la película fuera una moira de lo que sentía, era una película horrible, sentí compasión por aquéllos personajes. Imaginen que se casan y su pareja termina en un accidente que la deja con amnesia, pero de la única persona de la que no se acuerda es de usted, eso los separa, la película no era memorable, pero esa idea me provocó llanto, inconsolable, porque eso pasó entre nosotras y ni siquiera necesitamos de un accidente para sentir que yo no había existido (de esto te encargaste tú), así que al final terminé tirando el control contra la pared y odiando que los personajes de la película al parecer me veían y ahora eran ellos los que se compadecían de mi.

 

Soledad V

Un año después. Y un poco más.

 

VIII

Hoy me desperté, con esos dolores que a veces espantan las mañanas, estaba tranquila, alejada de cualquier aspecto que me hablara de ti. Sin embargo, siempre hay algo que nos demuestra la presencia de la una con la otra, un mensaje en el celular, al cual me prometí no responder, y no lo voy hacer. O leer lo que escribes o lo que te escriben, y eso que ni siquiera te busco, solo me cruzo con personas que sin saberlo hacen parte de esas seis personas que en un mundo pequeño nos distancian y al mismo tiempo nos conectan.

Creo que si hoy estás feliz, yo también lo estoy, lejos, muy lejos, aunque mi buena memoria me recuerde cada detalle. Por lo menos sé que todo lo que inventé o pensé haber vivido, lo vives hoy como un remedo de lo que yo te contaba y eras para mi. Es un poco cruel decirlo, pero se siente así, aún mirándote en la distancia: Fui un puente y a veces odio haber sido eso.

 

Soledad VI

Acto dos. Menos de dos años.

VII

Estaba sola, en la casa, mi gata deambulaba mirando la luna, y yo estaba cansada de verme ocultando la tristeza, que viene y va, no se detiene, se queda cuando se le da la gana, intentaba escribir nuevas escenas pero cada vez que me sumerjo en ese guión, me doy cuenta que se parece mucho a mi vida real y eso da miedo, cuando de amar las tramas se trata, luego divago y me pongo a pensar que estoy tratando de borrar dos años de mi vida, así cuando me pregunten la edad tendré 25 años otra vez, se me habrán olvidado esos 24 meses que me condujeron en el segundo acto a conocerte.

 

Soledad VII

Sin Nombre. Ya no te nombro.

 

VI

Antes te llamaba como el sol que brilla en inglés, me alegraba que existieras, aunque fueras una eterna contradicción. Ahora solo eres un recuerdo que intento dejar sólo en mis escritos, aunque si estás atenta te das cuenta que en la historia de las vidas de las personas siempre se dejan rastros, huellas y una se queda ahí, atada, anclada hasta que el tiempo empieza a ceder en la piel y en la memoria. Ahora nombro tu primer nombre, para no recordar el segundo que era tuyo, mío y de tu padre, pero hoy me doy cuenta que ya otra tomó y desfiguró todos mis recuerdos bonitos sobre ti. Será porque en realidad no me diste ese lugar de existir, en la historia, creo que más que otra cosa, de estar y ser juntas, lo que más duele y es una interminable espiral es el no existir para el otro. Ahora que lo pienso, estaba en la van equivocada, mirando a la persona equivocada que no me estaba sonriendo, en los días equivocados, era la persona con el nombre que no debía tener, era el momento de no conectarnos, eran las canciones que no debían compartirse, era la complicidad que no debió existir, eran las cartas que no debí escribir, era… y el resto ya ni siquiera es historia, aunque yo quiera rescatarla siempre.

 

Soledad VIII

¿Por qué tendré esa obsesión por existir?

 

V

Estaba sentada desayunando, sola, en medio de una atmósfera que siempre imagino que puede hacer parte de alguno de mis guiones: “un sujeto sentado, desayuna sólo y el plano general muestra que a fuera en la ventana lo único que puede ver es una mole gigante de cemento, de esos lugares de venta de cosas para el hogar. En ese momento el sujeto recuerda que antes, desde esa misma ventana podía ver la montaña y los brillos del sol rebotando entre las hojas de los árboles, y así el desayuno rompía con su rutina solitaria. Levanta la mirada, hacia la mole, mientras bebe café, se levanta y cierra la cortina.”

Me levanto y cierro la cortina, ya no hay nada que ver. La montaña es un recuerdo de mi memoria y si rodeamos la mole de cemento, la montaña vuelve a existir ante mis ojos, porque en realidad nunca desapareció, siempre existe porque cuento su historia y lo que fue conmigo al desayunar. Y eso la gente lo olvida. Sobretodo tú.

 

Soledad IX

Soñar y escribir.

IV

Desde esta primera línea que escribo, lo hago en otro momento del año, porque me despierto de un sueño o más bien de una pesadilla repetitiva que a veces hace que el día se apague. Es de esos momentos en los que escribir es la única salida, cuando los silencios hacen tanto ruido. Estaba pensando en el desayuno de ese personaje y luego en el sol que hoy entra por la ventana después de tanta lluvia. Luego me imaginé que estaba sentada en otra mesa, y que el mantel era un mapa, en el que los dedos podían viajar de un lado a otro hasta encontrarse con otros dedos, unos nuevos, desconocidos, no los mismos, ni los soñados, sino unos cálidos y que te abracen. Después me di cuenta que estaba en el bus, viendo mi reflejo y los rastros de las lágrimas que me despertaron esta mañana, sentí alivio de estar lejos y de poderle sonreír a ella. A mi reflejo.

  

Soledad X

Los restos. Las huellas. Las heridas.

 

III

Me dejaste una deuda de 10 mil pesos, unas medias viejas que ahora son mías, un nota en un porta vasos, una lesión, unas cartas sin respuesta, un playlist que ya no escucho, un recuerdo de un baile, una enseñanza de mi misma, el recuerdo del caos y un vacío.

Soledad XI

A solas.

 

II

“Me veo y te veré siempre” pensé mientras la gente salía del bus como animales. Me quedé en el bus, se cerraron las puertas y navegué por toda la ciudad, sin rumbo, mientras me miraba, mientras volvía a reconocerme, mientras ese sueño de ella se desvanecía y ya no tenía importancia, a veces nos dejamos controlar por las emociones externas y por el pasado que ya no cabe en este lugar que habitamos para nosotras mismas, por y para nosotras.

 

Soledad XII

Caminar y volar juntas.

I

Me bajé del bus, en cualquier calle, no estaba preocupada por el camino que tenía que recorrer, sino porque hay momentos en los que adentro, muy adentro de nosotras vuelve a brillar algo. Y esto no pasa una vez, sino de todas las veces que caemos y tenemos que volver a levantarnos, a veces sola y otras tantas veces acompañada. Volví ese camino un viaje que me trajo a escribir otra vez. Caminar hasta volar entre pensamientos y conversaciones con una misma.

Caminé a otro ritmo, al mío, miré en otra dirección, la mía. Y ese sueño se convirtió en un instante que se puede olvidar y hace parte de mí como un recuerdo, nada más.

 

Por:

Juliana Ramírez Plazas

Jules Anyways

PD: Este es el sueño del que desperté: (click)

Si no recuerdan quién era ella, la chico/chica: (click)

 

 

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