SEIS DE ALGO: Ema y sus labios hipnóticos

Hypnotizing photo by Viviana Salgado Vega en http://hipnoticocarmin.tumblr.com/post/82631976147/hypnotizing

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I

Ema lee en voz alta unas páginas mientras camina de un lado a otro, con un caminar rítmico a la música que tiene a todo volumen, el perro en custodia: Ulises la sigue como si fuera un gato entre las piernas, Leonela los mira desde la repisa.

II

Me desperté con los pájaros, Ema no estaba en esa cama, así que la llamé pero no me contestó, a esa hora debía estar en el quinto sueño de esos que ella dice que no sueña. Era muy temprano, era lunes, así que no insistí. Me levanté, caminé por la habitación con los pies descalzos, busqué las medias y nos las encontré, mire por la ventana y me di cuenta que Medellín ya estaba despierta. No tardé en vestirme como si tuviera afán de llegar a casa, volví a llamar a Ema, se fue a buzón. Finalmente, le dejé un mensaje al chofer, una sticky note en la puerta: “me voy en metro”. (Me imaginé que Octavio el chofer, se reía de mí, al pensar que me iba a regresar en metro a Bogotá).

III

No sé porque quería alargar mi paso por la ciudad antes de abordar el avión y regresar a Bogotá: “¿necesitaba ruido o quería perder el avión?”

IV

Ema lee en voz alta otras páginas mientras Ulises y Leonela la halan de la correa, su caminar es un poco torpe, porque Leonela intenta caminar hacia el sur, derecho a un árbol que da sombra y Ulises intenta caminar hacia el occidente mientras le ladra a algo que vuela. Ema es como un metrónomo, que tiran de un lado a otro, pero que se queda inmóvil, mientras lee sonriendo.

V

En la estación tomé el que no era, luego llegué a otra estación y decidí subirme en el metro cable, mi paso por la ciudad había sido corto y hace muchos años que no iba, me acordaba que desde el metrocable cuando llegaba a lo alto en los barrios, se podía ver toda la ciudad debajo de los pies y todo se veía muy cerca y lejos al mismo tiempo, como si ese cubículo estuviera volando sobre la ciudad. No subí al metrocable, pero mientras lo pensaba, se me hacía tarde. Llamé a Octavio, quien aún debía estar riendo mientras se tomaba un tinto con arepa.

VI

Llegué tarde, perdí el vuelo. Ema no contesta. “¿Por qué quería perder el vuelo?”

VII

Ulises gana la batalla de tirar de la correa, a Ema se le vuelan las hojas de la mano, intenta controlar a Ulises, le hace señas para que se siente, pero esa mañana, Ulises aunque cabizbajo intenta obedecer, sus ganas de perseguir algo que vuela le ganan y sale corriendo. Ema recoge las hojas y Leonela en un despiste se sube al árbol que le da sombra. Leonela piensa que Ulises es un perro tonto por llevarle la contraria, Ema mira a la gata como si supiera que se va a quedar quieta en ese árbol mientras ella trae al perro latoso.

VIII

Mientras esperaba que cuadraran mi vuelo, vi que pasaba una niña con un perro en un guacal, mire la hora en el celular, Ema debía estar sacando a los animales. La niña del perro en el guacal se cae, en ese instante con una leve risa, pensé que a veces me afana y me causa risa que Ema tenga esa duda constante de que mañana no nos despertemos, y tiene razón, sino que yo no gasto energía en pensar esas cosas, ella lo piensa porque dice que la vida no le alcanza para todo lo que quiere hacer y todo lo que piensa que en otras vidas hizo y ahora cree que en esta vida está desperdiciando el tiempo, a veces, para no afanarme por ser un desperdicio de tiempo, imagino que Ema tiene 80 años, está entrando en demencia senil y esta es la tercera vida que vive conmigo.

IX

Abordé el avión, llamé un par de veces a Ema, no respondía mis llamadas y tampoco me llamaba para tratar de convencerme de que su sexto sentido le decía si debía bajarme del avión o no. Me afana cuando ya no intenta sorprenderme con sus manías esotéricas.

X

Por fin, estoy en casa, Leonela salta de una repisa y me saluda. Dejo la maleta a un lado, la gata me sigue, Ema tiene los audífonos puestos y la música a todo volumen, está en mi escritorio que ya no está en el mismo lugar de siempre, martillea mi remington de manera elegante. Ulises está debajo de la mesa y a su vez debajo de los pies descalzos de Ema, que le da un masaje en la barriga, el perro me mira y se levanta, se abalanza sobre mí para saludarme, Leonela se indigna y se sube a la repisa. Ema no se detiene, parece estar en un trance, me causa gracia, estoy cansada y decido irme a la cama, cargo a Leonela y me la llevo, Ulises como perro fiel, vuelve al lado de Ema. Ema mira hacia la dirección en la que yo desaparezco, pero de eso yo no me doy cuenta.

XI

Toda la noche escucho el martilleo de la remington, no había estado en esa situación, aunque Ema es polifacética y siempre me sorprende: Es fotógrafa de profesión, aunque ella dice que lo que ella hace y lo que yo hago, no son profesiones, ni trabajos, son como hobbies que nos dan dinero. Ema hace de todo, hace un buen tiempo tomó un curso de novela corta y estaba muy entusiasmada con el curso, alcanzó a confesar que ama escribir y que por fin iba a escribir una novela, luego viajó y ahí lo dejó, pero luego  se sintió mal porque tenía buenos apuntes que nunca me dejó leer. Salva animales, a veces se mete en proyectos secretos para ayudar a sus amigas en erotizar sus vidas de pareja, creo que hasta ha actuado en algún video, porque ella colabora con todas las causas perdidas, a veces canta en la ducha y cuando riega las plantas que yo dejo morir, le gusta bailar descalza, girar y girar, sobre todo le gusta darme besitos cuando estoy dormida, y ante todas las cosas lo que más ama es cuidar de sus perros, ella dice que le dan todo y ella siente que les da poco.

XII

No sé si pude dormir o si mi mente se ancló entre el martilleo y lo que me imaginaba que ella estaba escribiendo, me preguntaba si iba a leerme algún fragmento, a veces Ema puede ser muy reservada, como el misterio que guardan sus ojos cuando me miran, sobre todo porque a veces es indescifrable. La gente cercana me decía cuando apenas la conocían que desconfiaban de sus ojos, yo aseguraba que era por ese rímel exagerado, esa mirada juguetona y esa tentación constante que tiene por coquetearle a todo el mundo, pero eso a mi no me molesta, somos tal para cual, yo no dejaría de ser coqueta por nadie. Ella dice que la gente no se da a la tarea de acercarse a la otra gente antes de juzgar, y en eso, tiene toda la razón. Ema también dice que cuando me conoció sentía que yo era pura calma para su caos y aún así se sorprendía que le costara leer todos mis rincones, eso mismo pienso de ella, sin la calma, en eso tiene razón, ella viene con un interminable flujo de torbellinos, como el de esta noche, que aunque no lo parezca parece un ritual para alargar la lejanía que sentí en esos dos días de viaje.

XIII

Ema se levanta a hurtadillas, entra a la habitación, me mira dormir. Se acerca y me pone la cobija encima, me da un beso en la mejilla.

XIV

Me desperté de nuevo sola en la cama, me quedé mirando el techo, a veces siento que el techo tiene innumerables formas de mantener tu mente en blanco hasta que vuelves a pensar en algo y caes en cuenta que la cama está vacía del otro lado. Leonela tampoco está en la cama, ella se levanta a las 5 a eme y va a buscar humanos despiertos en la casa para que la alimenten. Luego pensé que así debe sentirse Ema, cuando viajo a algún rodaje o a alguna lectura de mi libro. Así debe sentirse cuando paso tantas horas y días mirando las páginas y escribiendo, en una especie trance (Ema usa esa palabra constantemente), En esos “trances” la música se vuelve una sustancia química que me aleja de mi entorno real y hace que las palabras fluyan como torrentes imparables. No es sólo la música, sino es el ruido de la mente que empieza a adquirir sentido y esas sensaciones que quedan con el tiempo, luego quieren salir y por fin se vuelcan en el papel. Así debe sentirse, vivir con alguien que da la vida por escribir, que se oxigena por medio de la escritura y que su única verdadera amante es la escritura, si estas cosas las supiera de entrada Ema, creo que no se habría venido a vivir conmigo, no lo sé… tampoco quiero preguntar. Creo que hoy tenemos esos sentimientos encontrados en no querer encontrarnos en medio del pasillo. Por lo menos eso siento yo, no sabemos lo que hoy siente Ema.

XV

Volví a mis pensamientos concentrados en el techo y lo único que la mañana me susurraba: “Respira,  Jules respira.”

XVI

Ya no escucho el martilleo de la máquina de escribir, hace muchos años que yo no la uso, estaba como un recuerdo de mis primeros escritos, casi se había convertido en parte de un museo histórico de mi vida como escritora, por eso creo que me molestaba un poco que Ema estuviera martilleando esos recuerdos, o tal vez me molesta que en todo mi tiempo, o más en el tiempo en el que se tarda en producir un escrito, o en andar de giras con el libro terminado o en la producción de los proyectos audiovisuales, siento que se me ha olvidado volcarme en la escritura para poder estar conmigo y ser feliz. Será por eso que no me gusta que mi máquina esté bajos sus dedos. Esos pensamientos eran ante todo ridículos, cómo tenerle celos a un objeto, a ella que se ve feliz con mi remington.

XVII

A veces siento que Ema me trae recuerdos de L, es tan injusto cuando una se pone con esos cuestionamientos del pasado y no logra ver lo que sucede a pocos centímetros o en la otra habitación.

XVIII

Me levanté y caminé por el pasillo, la vi guardar un manojo de hojas en un cajón bajo llave, pensé ahora ella quiere escribir libros. Me fui de viaje a penas dos días y a mi regreso siempre pasa algo similar, no con la escritura, pero sí con la distancia, es un poco raro lo que se siente, aunque no siempre fue así. Debo dejar de usar la palabra: “siempre”, como algo absoluto.

XIX

La vi desde lejos, mis viajes siempre afectan mis días sin Ema y también los días de Ema, como si sintiera una angustia, sobre todo cuando viajo en avión, me dice que si no me acuerdo del temor que le tengo a confiarle mi vida a los conductores de los carros, que porque se la confío a un piloto de avión. Me dice que soy muy rara porque acepté llevarla en mi carro desde que nos conocimos.

 

XX

Ella no recuerda o se hace la loca, que cuando decidí llevarla en mi carro y hacerme responsable de su vida, fue por mera coincidencia climática tanto de ella como del clima bogotano. Esa noche, hace 7 años, Ema salió corriendo, lloraba y el cielo también, acababa de terminar con su novio y yo la esperaba cerca, pero habíamos pactado no vernos inmediatamente, sino hacer de cuenta que yo no la estaba esperando unas cuadras abajo de la séptima y que ella saldría de allí como si nada, con su perro y sus cosas. Luego, nos veríamos en un bar, el de siempre, en el que normalmente yo paso las tardes escribiendo. Y ella se encontraría con algunos colegas y ahí haríamos de cuenta que no nos conocíamos y luego en medio de colegas que nos conocían y no nos conocían simularíamos que nos conocíamos de toda la vida aunque apenas para los demás nos acabábamos de conocer.

Yo le dije que eso ya había pasado en la vida real cuando nos conocimos y que ahora (hace 7 años) pactar simular que nos conocíamos de toda la vida era raro porque ahora si no nos conocíamos de toda la vida. Ema insiste en que no nos conocemos de toda la vida y tampoco nos conocemos en esta, que deje de decir esas cosas, y yo le digo que no es literal, sino que soy tan mala actriz, que pretender lo que ella quería con esos colegas, era una tontada, ella se enfadó conmigo esa noche y cuando fue a su antiguo apartamento ya tenía algo afectado.

Esa noche, ella me la contó muy fragmentada, por ella y de hecho no era tan loco, podría haber tenido dos parejas y convivir con ellas en apartamentos diferentes, y eso lo hizo por un buen tiempo, claro, antes de mi hubo un novio, luego la distancia, luego salimos, luego nos alejamos y cuando regresamos siempre pensé que en esa época Ema pensaba que experimentaba con esa idea de haber conocido a una mujer que le movía todo. Para mi en ese momento, era un ir y venir, estaba superando otra historia, así que esa relación podía ser o no ser y yo no notaría la diferencia, aunque con todo lo qué es Ema, se me fue clavando de a pocos. ¿o yo me le fui clavando? Nos fuimos desarmando, hasta acercarnos otra vez, y los hilos del pasado y los miedos se fueron disipando hasta que las risas nos colmaron los días de besos.

XXI

Ema insistía en re-hacer nuestra historia, como si una re escribiera las páginas de un libro para cambiar algo o matar personajes, en el fondo sabía que Ema quería saltarse el duelo y  re-escribir la historia de su propia vida. A veces, yo sentía que en esa vida no me dibujaba y con el tiempo y mi certeza nos juntaría.

XXII

Ema cerró el cajón, me vio desde allí y se lanzó a abrazarme como si acabara de llegar. A veces simulo que esas bienvenidas son en el momento en el que deberían ser, intuyo que eso tiene que ver con las extravagancias cotidianas de nuestra relación en las que tratamos de romper nuestras propias rutinas y hábitos, sino que en mi caso, hay puntos en los que siento que esas rutinas que rompemos, como tardamos tanto tiempo en romperlas, yo ya vengo acostumbrándome a clavarnos nuestras costumbres y esos arrebatos con los años, ya me cuestan. A veces pienso si la gente cree posible que todo se pueda resolver con besos y abrazos. (en las guerras y esas cosas, pues en mi cotidianidad, varias cosas se pueden resolver así, no todas)

XXIII

Me habla como loca, de su trance misterioso con la escritura, que sentía que todo lo que pensaba le daba vueltas, esto me lo dice mientras hace cocoa y té, luego de la nada, me abraza y me da besitos en el oído y me dice: —Siento no haber despertado contigo esta mañana, pero te vi tan dormida anoche y yo quería hablar y hablar que no quise molestarte—, se chupa un dedo que tiene untado de mermelada y agrega: —Amor, ¿cómo estuvo el viaje?—

XXIV

A mi ya se me había olvidado el viaje, fue corto, productivo, pero había sentido un malestar solitario, era el primer viaje en el que sentía que no debía viajar sino quedarme en casa, todas esas sensaciones son las que hacen de los días momentos hipnóticos en los que te vuelcas a pensar y repensar las cosas que suceden en tu vida.

XXV

Ema llega de sacar a Ulises, pone música suave y empieza a bailar, yo estoy acostada en el sofá, la miro y le sonrió, ella se acuesta al ladito/encima. Creo que Ulises la mira de la misma manera que yo la miro, enamorados de toda ella, con cara de perros babeantes.

XXVI

Ema me cuenta que Leonela no quería bajar del árbol y que las hojas de su novela habían volado, que no las recupero todas y que su mala memoria no recordaba partes de lo que habían escritos sus manos, finalmente logró agarrar al perro, amarrarlo mientras subía al árbol, trepando como una araña. Me la imaginaba con 8 brazos subiendo tan rápido y tratando de coger a Leonela que se acercaba al límite de la rama, en cualquier momento ambas podrían caer, le menciono eso que imaginaba y ella entre risas y besos, como si quisiera o supiera que algo no estaba del todo bien en mi: —Te imaginas, si tuviera seis brazos…— le susurro algo al oído y ella se corrige: —Perdón, quieres que tenga 8 brazos, así tendría 40 dedos y podría hacer todo lo que te gusta que te haga, 400 veces más seguido—. Eso me causó mucha gracia.

Me cuenta que también hizo compras y que en todas esas rutinas estaba pensando que yo me había ido por muchos días y yo le dije solo me fui dos días y ella me reclama que habían pasado más días en sus hojas que en los días que todo el mundo cuenta. Yo le digo que la llamé muchas veces y me dice que su celular me lo había llevado en la maleta de ella que yo estaba usando para viajar y por eso sentía que nos habíamos alejado más de dos días, porque no sabía cómo llamarme al hotel.

XXVII

En ese momento me quedé mirándola, empecé a sentir que mi mala vibración no tenía que ver con ella, sino con la falta de ella cuando yo hacía algo que no quería hacer como ese viaje de dos días en solitario. Así que le pregunté por su libro y ella me respondió: —no es un libro, ya verás amor.— sonríe y se acuesta debajo de mi quijada, como si guardara un secreto, yo me sentía más tranquila, con ese encanto de leerme la mente.

XXVIII

Mientras Ema me habla, sus labios me hipnotizan, me doy cuenta que estaba en mi hogar y no quería irme de ahí, sobre todo del olor de su pelo y el calor de su cuerpo que respira sobre el mío.

Por:

Juliana Ramírez Plazas

A veces: Jules Anyways

Siempre: @ClemSinOxigeno

 

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