DOCE DE ALGO: Carta a una extraña en abril

Fotografía por: Nadia Ka vía http://bit.ly/OfbygF

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Querida extraña.

Hoy me desperté pensando en la correspondencia, miraba el techo y me sentí en el mismo lugar como si nunca me hubiese levantado de la cama o peor aún como si nunca hubiese despertado, una oscuridad se apoderó de mis ojos, luego giré la cabeza para no pensar y del otro lado de la cama me di cuenta que estaba vacío, estire el brazo como si al pasar la frontera hacia el otro lado pudiese viajar a ese lugar donde está esa persona que ahora habita otro lugar, pensé que antes alguien había ocupado ese lado de la cama. Mi mano no llegó a ninguna frontera, me detuve antes de sobrepasar esa línea arrugada de la sábana que dividía el espacio de los sueños del otro, tampoco pude imaginar quien había dejado huella del otro lado de la cama, me fijo y me doy cuenta que esa no es mi cama. Me siento cansada de viajar, sobre todo de los viajes a esas camas que luego quedan vacías..

Ahora mismo te escribo desde el café de siempre, decidí dejar esa cama, la cual no recordaba, aunque se sintiera como una posesión, como cuando compré ese Fiat, la gente me decía que no tenía sentido tenerlo porque me daba mucho miedo manejar, recuerdo que me preocupaba demasiado escuchar esas historias de la radio sobre muertes atroces por culpa de conductores desprevenidos. Es que si te pones a pensar, dejarle o confiarle la vida a un conductor mientras tu eres pasajero o co-piloto me parece una irresponsabilidad con una misma. Me parece que nadie debería dejarle esa responsabilidad a nadie, y menos a un extraño. Por eso creo que hoy en día no manejo para llevar personas y por lo menos ya supere ese miedo de confiarle mi vida a otros conductores. (buses, aviones, chivas, etc…)

Volviendo a mi punto ese Fiat, mi posesión durante 6 meses, solo lo tuve en ese corto viaje a tierras maternas, en el que decidí quedarme a dormir en el carro y escuchar esos cassettes viejos que alguien me había regalado. Hoy pienso que debí quedarme en la casa de mi madre y no decir que en el hotel estaba más cómoda, por culpa del Fiat hoy tengo problemas lumbares y soy muy joven para padecer tantas enfermedades misteriosas.

Creo que esta carta se vuelve un sin sentido, como una extensión de esa cama que al despertar sentí mía, pero ahora que estoy en el café, con esas tungsteno encima y ese expreso quemando mi lengua, me doy cuenta que no soy yo la que te escribe, miro mis manos y me imagino que son las tuyas, aunque no te conozco, me imagino que no estoy en Bogotá, si no en la ciudad en la que tú habitas, está nevando y de un momento a otro te veo correr mientras tus pies se entierran, presiento que persigues a alguien, luego mi imaginario se da cuenta que estás tratando de llegar a una estación de tren, espero vayas a algún lado y no estés tratando de llegar puntual a recoger a alguien. Me pregunto si eres puntual, creería que no lo eres, porque tus cartas no han llegado. He revisado el buzón y no han llegado.

Por ahora te dejo todas mis quejas y sin sabores, de este viaje, prometo contarte más sobre esta ciudad o sobre esas camas que ya no me causan tanta gracia.

Sinceramente,

J.

 

PD: Querida lectora/lector, los invito a corresponder estas cartas en los comentarios, para seguir escribiendo en este capítulo: DOCE DE ALGO. Gracias

PD2: Todas las cartas TOCA AQUÍ

 

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7 comentarios en “DOCE DE ALGO: Carta a una extraña en abril

  1. Rocío Zea dijo:

    Querida extraña.
    Esta tarde estaba en el bus cuando regresaba del trabajo y me puse a pensar en todas esas personas que como yo, escriben cartas a desconocidos. Iba distraída, mirando por la ventana, fijándome en los que caminaban cansados, en los niños que corrían por la acera y en los adolescentes que descuidados se pasaban la calle como creyendo que son inmunes a los peligros y que nunca van a morir. Y entonces me vino una preocupación enorme por los seres humanos que jamás voy a conocer, por las incontables conversaciones interesantes que me perderé y por los millones de maneras distintas de observar el mundo que yo nunca voy a descubrir.
    Pensé en esos extraños que a veces noto llorar sentados en la última silla del bus. Debo confesar que cuando los veo, siento ganas de sentarme junto a ellos, de preguntarles por aquello que les ocurre, de escucharlos y de decirles que a mí sí me importa. Pero nunca he tenido el suficiente valor que se requiere para acercarme. En cambio, ambiento su llanto con la música que suena a través de mis audífonos e imagino qué es lo que les ocurre, les pongo un nombre, les hago una historia y en mi cabeza invento para ellos un final feliz, uno en donde su problema se soluciona y al día siguiente yo los veo de nuevo en del bus, esta vez con una sonrisa entre los ojos. Y es que yo también he sido mil veces esa extraña que llora sola en la última silla, y por supuesto que nadie nunca se me ha acercado a preguntarme por aquello que ocurre, pero yo imagino que alguien me mira en silencio y en su cabeza se inventa un final feliz para mí.
    Sé que todos tenemos en común más cosas de las que podemos llegar a suponer. Sé no soy la única que escribe esperando una respuesta que tal vez nunca llegue. Y que tampoco soy la única que se levanta a veces con la impresión de que su cama no es suya y que de vez en cuando se asusta al ver que el otro de ésta lado se encuentra vacío. No soy la única en ocasiones siente que no son sus manos las que escriben.
    En este momento estoy mirando por la ventana y me parece que en cualquier momento la nieve va a empezar a caer. Yo detesto el frío del invierno, sin embargo siempre he adorado lo que siento cuando camino sobre ella y se me hunden los pies.
    Espero pronto recibir noticias tuyas. Sé que mis cartas aún no te han llegado y me disculpo por eso. Pensarás que tal vez soy impuntual, y yo juro que pocas cosas son más importantes para mí que estar a tiempo donde alguien me espera, pero resulta que hasta ahora desconozco el lugar donde vives y aún no sé tu dirección. Tal vez más tarde me la invente, como las historias de mis desconocidos. Y tal vez incluso imagine una historia para ti.
    Cariños,
    L.

  2. Alejandra Santos dijo:

    “No nos hemos encontrado fisicamente pero me resultas más familiar que muchos otros que han estado conmigo durante años. Veo tus ojos por la pantalla de mi computador y me imagino como sería perderme en ellos. Noche tras noche suelo preguntarme como se sentirá tu piel. Sin embargo ahí estas sin estar, tan deliciosa y abierta a mi. Por supuesto cuando me cuentas sobre aquellas camas que en ocasiones visitas siento alguna clase de celos, porque aunque no eres mía te siento parte de mi. Cuantos días pasarán para finalmente encontrarme contigo?. Es verdad, debo confesar que en ocasiones busco otros rostros, otra piel. Sin embargo en mis sueños siempre te encuentras, como si ellos fueran mi brujula”

  3. Jose Lobo dijo:

    Estimada co-extraña:
    Por algún devenir de aquellos de los que descreo y les llaman casual, cuando tiendo en mi discernimiento a creer más bien que todo obedece a una causa aunque ignoremos las leyes que las producen, he tenido ocasión de aterrizar en las letras de una misiva que usted ha tenido a bien lanzar al viento.
    Y para alguien que habita voluntariosamente en los territorios de la oscuridad, me parecía execrable por mi parte no darle respuesta con mis considerandos.
    Las camas vacías, siempre testigas mudas de noches de soledad interminables unas veces; en otras, de despertares insólitos sin nadie al lado acompañando a pesar de haber yacido con alguien séase cual sea el motivo que hiciera que otro u otra persona habitara durante algunas horas el mismo catre.
    Creo que por lo general todos alargamos un brazo al despertar intentando, consciente o inconscientemente, toparnos con el anhelo en el que cobijarnos. Ocurre que, la realidad no siempre, o casi nunca, para quienes entre los que me incluyo están en continuo viaje existencial, encuentra absolutamente nada en la otra parte.
    Personalmente ese hecho no me resulta para nada desagradable. El ejercicio de la individualidad conlleva despertar muy en precario, más no por ello carece al mismo tiempo de cierto deleite, pues las rutina convierte al individuo en un sucedáneo de sí mismo, y eso lo encuentro sumamente aburrido.
    Por otra parte, y para concluir, apropiándome de unas palabras del premio Nobel de literatura del año 2000, Gao Xingjian, la soledad es el precio que se paga por la libertad.

    Discúlpeseme la extensión y acaso el atrevimiento de hacer uso de una respuesta, más como extraño que soy, me considero en base a ello destinario por una parte, y por otra, náufrago que recoge botellas que trae la marea a mi presencia, inclusive en ocasiones, las mismas que yo lanzo en noches de insomnio permanente.

    Atenta y cordialmente,
    Jose Lobo.

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