DIEZ DE ALGO: Respiro de Chatroom

A esto suena el silencio de mi habitación: (click)

I

Estaba/estoy enfrente de la computadora, no hacía nada, el pasado y el presente se confunden. La luz de la pantalla me daba en la cara, esa noche estaba sola en casa, ellas habían salido a buscar amantes de madrugada, yo estaba totalmente cansada de esas cacerías sin despertares, con lagunas de whisky y por eso estaba enfrente de la computadora, apunto de escribirte o apunto de escribir una historia como la que leen en este momento,  para decir lo que quiero decirles, decirte o decirme.

Respiro I

Una luz, dos luces, sola.

II

La página en blanco titila en mi cara y se ríe, como si fuera la cara tonta de alguien que me mira sin ninguna expresión y de pronto se ríe de mi bloqueo emocional y por eso la miro fijamente, hasta que se me estallen los ojos con la página en blanco y esa cara ya no la pueda mirar.  Juego con el flequillo de mi pelo, que se me atraviesa de vez en cuando, se balancea como si mi mente quisiera ser distraída para no pensar en ese punto soleado que era tu sonrisa. Me cogí el pelo, en una maraña que me gusta sobre la cabeza. Intenté escribir la primera palabra y no me salió nada coherente, solo una letra tras otra conformando la palabra: SUN, la borré y cerré el programa de texto. Le dí unos golpes a la barra espaciadora, respire hondo, un poco aburrida, sentía que llevaba 7 vidas esperando algo que no sucedía, así que abrí un chat (como si en los chats ocurrieran cosas instantáneas que borraran las emociones del presente). De pronto me había vuelto espectadora de unas “personas” que chateaban en una de esas salas en las que hablan de sexo, usuarios con nombres tan deprimentes como: telachupo66, los veía porque no quería verle la cara a la hoja en blanco, ni pensar de más, ver ese chat era como volver la mente estúpida como cuando veo tv, aunque está era una tv silenciosa, de pronto en el chat alguien me habló y me dijo: “estoy sola y tu estás sola: ¿quieres pasar por mi casa?”

Respiro II

Copy/Paste mental.

III

Leí esa línea varias veces, se parecía tanto a ti, que estuve a punto de escribirle como si se tratara de vos, luego me quedé leyendo esa línea, que ella volvía a darle COPY/PASTE (unas 4 veces más), estaba tan insistente la usuaria: Z_85, que se me hacía raro. Con ese tipo de usuario parecía que no buscaba sexo sino que realmente estaba sola igual que yo. Sin embargo, me quedé inmóvil, una tormenta de imágenes acompañadas de preguntas me bombardeaban el cerebro, mientras jugaba con la esfera del mouse:

Como si una cámara me estuviera grabando, sentía que me hacían un zoom out y en la pantalla de una sala de cine me veía diminuta en medio de una habitación gigante, retumbaban esas preguntas en la sala: ¿cómo sabía que estaba sola en casa?,  ¿ o sola en la vida?,  acto seguido, miraba al espectador directo a los ojos y me acercaba a la cámara, me pintaba con rímel un bigote como el de Frida, cuando volvía a la computadora y me sentaba, miraba mi coño y me aparecía un dildo, acompañado de esas preguntas: ¿cómo sabe que soy ella y no él?, ¿cómo sé que ella es una X y no mi ella?, esas preguntas me dieron mal genio, la pantalla en la sala de cine se apaga, cierro la tapa del portátil.

Respiro III

Silencio, oscuridad y el sonido de los carros en el barrio la Soledad.

IV

Me levanté, fui a la cocina sin prender la luz, abrí la nevera, su luz me estalla en la cara, me quedé pensando: “¿a qué vine acá? “. Mire los diferentes estantes, cada uno tenía el nombre de alguna de las habitantes del apartamento, el mío estaba vacío, había un queso rancio, que es lo mismo que no tener nada, llevaba varios días, casi un mes, sin salir, tampoco me atrevía a coger algo de la comida de las otras, y eso que las conozco de hace mucho tiempo atrás.

A Fernanda, aunque le gusta más su primer nombre: Luisa,  la conocí en una reunión de políticos, no sé como carajos caí ahí… quiero hacer memoria.

Mientras hacía memoria, me serví un té de frutas o algo así que había en la puerta de la nevera, marcado con una etiqueta que dice: “No tocar”. Bebo un poco, el sabor es desastroso, debería decir: “no tocar, venenoso”, inmediatamente lo vierto en el lavaplatos, veo como el líquido se desliza por el desagüe, a medida que el chorro baja me siento que estoy atascada, me recuesto y pienso en Luisa y los políticos: en esa época estaba detrás de alguien y terminé bebiendo con sus amigos políticos, y entre ellos estaba Luisa, hablamos toda la noche, de libros y sobretodo de mujeres, luego me agarró el desamor y ella me escuchó porque había sido testigo de esa historia. Después, seguimos hablándonos año tras año, hasta tal punto de llegar a vivir juntas, si así fue: Políticos, literatura, mujeres, alcohol y desamor, eso suena mal en una sola frase.

De pronto me quede mirando la pared, no la pared sino lo que hay en la pared, un calendario, noto que estamos en septiembre del 2010, me siento un poco mareada, desconcertada y con dolor en la nuca, voy enseguida a la computadora y miro la fecha, estamos en febrero del 2014, vuelvo a la cocina, arranco el calendario de la pared, lo veo de nuevo y ahora dice febrero del 2014, con algunas notas en el día 3 y en el día 12, notas que no son mías.

Respiro IV

El sol, el bus, la pena.

V

Agosto 2012, estaba en un bus, madrugando como raro y nerviosa porque iba tarde para alguna cita que hoy no recuerdo, no era una cita de esas citas de pareja, si no era una cita con una editora, me iban a hablar temas sobre un personaje del libro, y en el trayecto pensaba que aún no le encontraba la voz a ese personaje, aunque no sabía si específicamente me iban a hablar de ese personaje, mis pensamientos eran tan enredados, que no lograba que mi mente se quedara en blanco, hasta que entre la gente que colgaba del bus, vi unos ojos pequeños que le sonreían al sol, lo que alcanzaba a ver de esa persona era que se trataba de un chico, de cabello rubio y corto. Él miraba por la ventana y estiraba los brazos, sonreía, quería contagiarme de esa sonrisa, a ver si se me pasaba la ansiedad, un frenazo del bus y el chico abre los ojos, su mirada se cruza con la mía, me sonríe y yo entre una sonrisa y un “hijo de puta” al conductor, le sonreí aunque estaba demasiado apenada, no se trataba de un chico, era una chica con unas hermosas caderas y una sonrisa como para mantenerme feliz una vida entera, me reí de mi misma y fue tan evidente que al parecer se dio cuenta porque no me quitó la mirada de encima hasta que la vi directo a los ojos y ella se hizo la loca con su celular.

Respiro V

La siguiente parada.

VI

“Este es el peor cuento que he escrito”, pensaba mientras arrastraba los pies hasta el escritorio y entre dientes me decía: “¿Qué se puede esperar de una escritora con un libro publicado y un mal de amores sin rabia para cantar una ranchera?”

Me senté, otra vez enfrente de la computadora, la abrí, había otro mensaje de Z_85: “Sé que fui muy lanzada en invitarte a mi casa, estoy aburrida de ver que siempre te conectas y nunca hablas en el chat, pareces una voyerista. Me gusta”.

Ese “me gusta” me trajo complicaciones mentales, emocionales y físicas, estaba confundiendo el pasado con el presente, Z_85 no era quien yo pensaba, aunque mi mente seguía diciéndome que era Laura, una y otra vez: “es Laura, no caigas en sus juegos, es Laura”, y yo me decía: “no es Laura, ella nunca diría eso, ni siquiera se metería a un chat”.

Respiro VI

Personaje, rostro, voz, ella.

VII

Con el chico/chica nos volvimos a cruzar en una fiesta a la que no quería ir, pero esa noche estaba falta de cariño, con la mujer con la que salía no pasaba nada más allá de lo que yo quería, lo único interesante era su incesante cambio de color de pelo. Así que me fui a un bar del que me habían hablado, espere a que llegara una de mis amigas pero ella siempre llega tres horas tarde porque siempre decide caminar en vez de coger un maldito bus, terminé entrando sola, me aburría estar esperando con cara de fumadora, siempre pienso que la gente que espera, fuma. Y yo ni espero, ni fumo.

Entré y fui directo a la barra, dónde una se puede sostener mientras los tragos van cogiendo fiesta en tu interior y así se coge caña para empezar a bailar sola sin que nada importe. Esta vez la vida, ni la gente de en medio, ni mis pies me dejaron llegar a la barra, todo eso resumido a que mis pies tropezaron con una silla, en la cual estaba sentada la chico/chica que a su vez estaba acompañada con su chica/chica, pase de largo, como si estuviera a punto de ahogarme entre risas y estupideces, pensé haber disimulado que la vi pero eso no era posible, además de torpe soy evidente.

Llegué por fin al flotador, a la barra, pedí una pola, luego decidí pedir dos para que pensaran que iba acompañada, que estaba esperando a que mi “amada” saliera del baño, es un truco milenario para que la gente no te caiga, lo único que me faltaba era tener una amiga puntual para que me hablara como loca e hiciera de puente de disimulo para poder ver a la persona que te interesa: la chico/chica. Esa noche me sucedía todo lo contrario, el futuro de la noche se había caído, me bebí la primera pola, no funcionó muy bien el truco para que nadie me hablara, una chica me empezó a hablar de su vida pasada o eso entendí, lo bueno es que me sirvió de puente de disimulo. Parece que hubiesen pasado varias horas, sin embargo, una pola se toma en 10 minutos o menos, la chica del pasado o la reencarnación dijo que iba al baño, yo asentí y seguí con la siguiente pola, en  ese momento mientras pasaba el trago, la chico/chica se abalanzó entre la multitud (es decir unas cuantas personas que bailaban alborotadas y por eso hacían de multitud) llegó a la barra, dónde yo estaba recostada, me sonreí levemente, la miraba mientras ella pedía una pola, me miro y me preguntó:— ¿quieres una cerveza? —le sonreí y le mostré que aún tenía, ella tocó mi botella y agregó:— ¿Cómo puedes tomarte eso tibio? —sin dejarme responder pidió otra, esperó que la trajeran, me la dio y se quedó conmigo.

La chicho/chica se nombraba Laura, un nombre como cualquier otro, salvo que aún tenía esa radiante vibra que me hacía sonreír, me preguntó algo de rigor y yo no le pregunté lo mismo, creo que estaba dejándome llevar en vez de hablar por hablar, me dijo: —¿qué haces de la vida?— no dude en decirle: —esa pregunta es tan típica que a veces una pensaría que no debería responderse, la vida es infinidad de cosas- ella corrigió: —¿tienes alguna pasión en particular?— me sonreí y supe que amó mi sonrisa, no porque yo fuera adivina, ni porque me las creyera, sino porque segundos después de que pensé “amó mi sonrisa”, ella misma me lo dijo, acto seguido o después de varios sorbos, le respondí que mi pasión era la escritura.

Laura: ¿y ahora estás escribiendo algo?

Yo: ¿En este momento? (fue tonto decirle eso, pero no quería hablar de mi libro, sentía que era aburrido, ella de pronto salvaba vidas como Amelie o la Mujer Maravilla y yo vivía en la ficción)

Laura: Si… pues no ahorita mismo.— se ríe y bebe de su cerveza, no me quita la mirada de encima, en el fondo se escucha algo sabroso y tropical.— ¿Quieres otra?

Pidió otro par de polas y  le respondí su pregunta de una manera nada atractiva: —Si estoy escribiendo… algo así, no sé…

Laura: —Cuéntame. —Se veía tan interesada en no irse, sus dedos seguían el ritmo de la música, me dieron ganas de bailar, así que le resumí un poco lo que sucedía con mi libro, no quería aburrirla, así que intenté ser breve: —La historia la tengo redondita, sé cómo inicia, como termina, los personajes están ahí, sentaditos en una sala de espera, el primer borrador lo escribí hace 7 años, tengo muy impregnado al protagonista, sé cómo piensa, cómo reacciona.— Laura me miraba sonriente, me estaba escuchando, se fijaba en mis labios y en el movimiento de mis manos que nunca dejo de mover, yo seguía hablando como si hubiese encontrado a una cómplice: —Pero… hay un personaje, una mujer, a la que aún no le encuentro su voz, aún no la puedo describir bien, no tiene rostro, me ha tomado ya 7 años, sigo en esas.—

Laura: ¿Cuánto podríamos tardar para encontrarle voz a tú personaje..?

Yo (sonreí): No sé, espero pronto encontrarle una voz y un rostro.

En ese momento, ya todo parecía haberse dicho y yo seguía la corriente de la noche y la saqué a bailar, no podíamos desabrochar mi ataque y mucho menos el sabor de la música.

Respiro VII

Chat. Tv. Silencio.

VIII

Seguía sentada, enfrente de la computadora, sonreí por esos recuerdos, era la segunda vez que me sentía bloqueada para escribir, ya había pasado tanto tiempo, que en realidad no estaba sintiendo nada, sólo que estaba como un ente, el sonido de entrada de mensajes en el chat empezaron a hacer ruido.

Z_85: aló??????

Por fin decidí escribirle, no era ella, eso tenía que afrontarlo, por otro lado ya me estaba cansando esa insistencia, le escribí:— Tal vez sólo me gusta ser un observador, y no ser participe de este chat. Gracias por comunicarte, atentamente: el monitor.

Z_85 sigue con la insistencia: “Evidentemente no eres ni el monitor, ni un man.”

En ese momento decidí alejarme del teclado, era muy intensa para mi gusto y mis ganas de conversar eran completamente nulas, no estaba disfrutando de la tv silenciosa si alguien insistía en meterme en su cama. Me desconecté.

Puse música aleatoria, de lo más típico que podría pasar es que sonará algo que le gustara a ella o me la recordara, bueno, no fue así, tampoco puedo ser un cliché andante del destino, ahora suena: Young Blood

La pongo a todo volumen, la atmósfera de mi habitación es demasiado deprimente, con ese azulado de la penumbra y la única luz que entra es la de un par de faros de la calle y la luz de la pantalla, empiezo a moverme al ritmo de la canción, en medio del ruido de mi mente pensaba en detalles que quería sacudir de mi cabeza: Me gustaban sus pensamientos, tantos sus plantas como los que tenía en su cabeza, era ella de las que le gustaba pensar para salvar al mundo, las que nacen para dedicarse a eso, ahora yo tengo unos pensamientos en forma de planta de plástico que tampoco sienten nada, ni piensan nada. Bailaba saltando y me solté el pelo, para liberarme de cargas. Ella, me decía que Juana Molina era como la Janis Joplin latinoamericana, yo siempre lloraba con una de sus canciones (lloro), espero que no suene, que no suene, me encantaba escuchar sus historias cotidianas porque cuando las describía parecían pequeños fragmentos de un film, ella decía que cuando caminaba bajo la lluvia sentía que estaba en el film de alguien y que por eso no le daba gripa, yo le decía que en la ficción no da gripa y ella sonreía.

Ahora, se escucha el eco de la canción Punching in a dream, empiezo a sentir que mi cuerpo se duerme, pienso que volví a la fantasía, la realidad se fue a dar una vuelta. Ojalá me pudiera despertar con solo abrir los ojos.

Respiro VIII

Vaho. Piel. High. Sudor. ¡Carajo!

IX

Bailamos toda la noche y madrugada, mientras movía los hombros, le dije al oído, bajando por su mejilla:— Me podría quedar bailando toda la vida, —Ella se acerca suavecito al ritmo de los tambores, la tomo de las caderas, está sonando una canción que va al ritmo de la cadencia de nuestros sudores, (Cosita Rica de Bomba Estéreo), ella me roza la nariz y los labios, luego se hace hacia atrás, se pone las manos en la cintura, me mira por el rabillo del ojo y me empieza a coquetear con sus caderas, como una cumbia, yo siento una magnetismo, sin pensarlo me pego a su cuerpo mientras ella me baila despacio y me acaricia la cara, le meto la mano debajo de la blusa, le rozo el abdomen, no paramos de bailar, luego quedamos de frente, cantábamos el coro de la canción, mientras nuestros labios jugaban a no besarse, hasta que las lenguas se sintieron y se atraparon en un beso que iba al ritmo del baile, era una fusión de tambores y pasión.

Me susurró, al oído mientras metía su lengua en  mi oreja:— You make me feel so high, carajo.

Respiro IX

Vida. Hacerse la dormida.

X

Pare de bailar y me dejé caer en la cama, mientras caigo, como si fuera una película en slow motion, a medida que caía, recordaba que una vez desperté en su cama, la miré dormir, me gustaba como su pelo rubio caía sobre su rostro, luego sentí que se despertaba y me hice la dormida, ya no estaba en el quinto sueño, me sentía muy cerca de ella. Se quedó mirándome, me acarició el rostro, para despertarme con cuidado, se me dibuja una sonrisa, cuando abrí los ojos me dice a media voz:— ¿no es gracioso que las personas queramos dormir juntas y nos vamos a soñar profundamente separadas? —Ese es el momento que más recuerdo de nosotras juntas.

Cuando caigo sobre la cama, ya no escucho la música, aunque sigue con el mismo volumen, es como si tuviera unos audífonos puestos para evitar escuchar la música de afuera, empiezo a sentir un zumbido, miro hacia los lados pero no escucho nada, es un zumbido lejano, me doy cuenta que mi celular esta vibrando debajo mío, lo cojo para mirar qué es, un mensaje de whatsapp, la música se empieza a escuchar cada vez más fuerte, en el celular el usuario que me habla es:— Laura y en paréntesis dice: (No Le Respondas, att: La dignidad) —Hago caso omiso, creo que mi corazón se va a estallar, pero no de amor, sino de la puta realidad que es tan horrible, abro el chat y leo: —”acabo de terminar de leer la copia de tu libro que me llegó a la casa, no te quería escribir antes de terminar, (…)  justo debía leerlo en este momento (…) eres una diosa escribiendo, ojalá sigas escribiendo aún (…) ¿qué pasaría si nos volviéramos a ver?

Respiro X

Destino. Ella. Sin mi.

XI

Cierro el chat. No le respondí. Me quedé mirando el techo, hacía memoria: ¿por qué le llegó el libro?, ¿por qué tenía que terminarlo de leer hoy?, ¿por qué lo leyó? Esas son las preguntas que ella se haría sobre porqué pasan las cosas y sus conexiones. Y yo tenía las respuestas, a este día que me temía que llegara, a este día se debía toda mi ansiedad y todo el maldito bloqueo de la página en blanco.

El libro le llegó porque cuando lo escribía, vivíamos en el mismo castillo y compartíamos la misma azotea y la misma hamaca, hasta la misma cava y a veces la misma almohada. Su dirección era un hogar conjunto, ahora no lo es, es de otra y ella, ahora vivo con dos roomates, un colchón doble en el piso y 250 ediciones de mi libro, el cual al parecer solo ha leído ella (es mentira, no se ha lanzado). Eso es todo, mire el celular como si ella estuviera acostada en la cama, no la quería mirar, susurré:— No me puedo ocupar más de ti. —Sentí que una lágrima se deslizaba por mi mejilla, la luz de un faro de la calle raya mi cara, no quería volver a llorar, me senté en la orilla del colchón, miré hacia el celular como si ella me pudiera escuchar:— ¿Te acuerdas que una vez me dijiste que hubieses querido conocerme en el 2010 y no en el 2012?— (imagino que ella asiente) y te pregunté:— ¿por qué? —y tu me dijiste que después me contabas. (ella vuelve asentir un poco despistada) —Pues, sabes, desde entonces nunca me contaste porqué, y ahora lo que podría pensar es que si te hubiese conocido en el 2010, no estaría aquí sentada.

Respiro XI

Por fin. Doce.

Por:

Juliana Ramírez Plazas

A veces,  Jules Anyways

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6 comentarios en “DIEZ DE ALGO: Respiro de Chatroom

  1. edna125 dijo:

    Reblogueó esto en enny062y comentado:
    “El usuario que me habla es: -Laura y en paréntesis dice (No Le Respondas, att: La dignidad)- hago caso omiso, creo que mi corazón se va a estallar, pero no de amor, sino de la puta realidad que es tan horrible, abro el chat y leo: -”acabo de terminar de leer la copia de tu libro que me llegó a la casa, no te quería escribir antes de terminar, (…) justo debía leerlo en este momento (…) eres una diosa escribiendo, ojalá sigas escribiendo aún (…) ¿qué pasaría si nos volviéramos a ver?”

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