SEIS DE ALGO: Rincones de Ema

Me voy a saltar varios capítulos de este libro o de lo que sea que esté escribiendo y les contaré este cuento que se parece mucho a la vida real de alguien, de usted, tal vez.

rincones de algo

(Escuchar mientras tanto)

I

Abro los ojos y lo primero que veo es la luz que se cuela por las vetas de las persianas, un leve brillo alcanza a tocar mi rostro, me quedo mirando, esperando que sean las cuatro a eme, a esa hora se escuchan los pájaros y tengo la certeza de creer que es el primer rayo de luz que solo veo yo. Justo enfrente de la cama, en el techo miro como se balancea leve un colgante en forma de ave que ella colgó el primer día que nos pasamos a esta casa, no sé, pero siempre siento que se mueve, en un vaivén que me hace sonreír, aprovecho ese instante, porque hay silencio en la habitación, un silencio que puedo disfrutar despierta, mientras ella respira sus sueños y yo miro la realidad de la que muchas veces quiero escapar.

Me hace gracia, que ella siempre busca la corriente de aire que lo mueve y siempre le digo que debe ser que el edificio tiene una viga coja y que por eso siempre se mueve todo el tiempo, ella no me cree, dice: ¿qué sabrá una escritora de vigas? No creo que hagan edificios tan chuecos. Yo le respondo que mi otra versión, es que como el pájaro es de madera, todavía le queda algún tipo de vida, esa versión la empiezo a relatar con muchas ganas y luego siento que en voz alta no tiene mucho sentido, miro el ave, y sé que siempre se moverá y que ella no descansará hasta encontrar la corriente de aire.

II

Las últimas mañanas pienso y ella, presiento que también lo piensa, creo que últimamente sobre pensamos las cosas. Es así, que cuando nos despertamos ella me mira con los ojos arrugados, no me sonríe, ha pasado una mala noche, pensando, y yo cubriéndome media cara con la colcha, le digo que no debería pensar sino dejarse llevar por los sueños y ella abriendo más los ojos, insiste en que ella nunca en la vida ha soñado, ni siquiera despierta, yo le digo que es imposible, que todos soñamos, sino que hay personas que nos se acuerdan al despertar, ella insiste en que no insista en tratar de convencerla porque no es cierto lo que digo, y termina diciendo que yo siempre quiero tener la razón y al final, me levanto sin mucho ánimo y la dejé sola, cuando salgo de la habitación la miro por el rabillo del ojo, desde el marco de la puerta sin que ella se dé cuenta y pienso, en verdad si sueñas y también quiero tener la razón.

En este caso, si tengo la razón, ella no me deja dormir, aunque no se lo digo porque cuando amanece con el pelo enmarañado y toma agua con afán significa que no quiere hablar de lo que siempre pregunto después de hacer lo mismo que ella hace, beber del mismo vaso de agua, no sé porqué tenemos esa costumbre, yo debería tener mi propio vaso, creo que al principio se sentía bien, pasarle mi brazo por encima, rozarle con vaho caliente el cuello, como tener una excusa para estar más cerca o incitarla a algo, y la excusa era tomar agua después de que ella lo hacía, se volvió costumbre, porque en realidad a mi no me da sed de agua, me da sed de sexo, pero no de agua.

Por eso cuando toma agua como si se fuera a ahogar, sé que si le pregunto qué soñó, ella ya tiene ese refunfuñar mañanero y me va a decir que no soñó nada porque ella no sueña y que no le pregunté por qué no sueña, porque ella ya me explicó que no sueña desde niña, sabe el año, mes, día, hora y el momento exacto. Cuando sufría de insomnio y caminaba por las escaleras de la casa de la madrastra y se salía de la casa, al papá le tocó poner campanas para avisarle que ella estaba sonámbula y que se había salido a la calle. Luego, yo le refuto diciendo que si era sonámbula porque sufría de insomnio, ella piensa que la trato de boba y se levanta de la cama. Yo sabía que el año exacto era 1997, que el mes exacto era abril, que la hora era cinco a eme y el momento había sido justo en medio de un sueño, en el que veía a su madre en una cama, que la cama se deslizaba hacia una luz, entre sopores oscuros, la madre estaba en la cama como si estuviera amarrada, y que ella corría pero no la alcanzaba, unas nubes densas la hacían retroceder con un viento extraño y la arena se le metía en los ojos, en el sueño la madre desaparece.

Ema, tiene doce años, se despierta agitada y en medio de sollozos, sale corriendo a la cama de sus padres, no hay nadie, busca por todas las habitaciones y por fin encuentra a su padre llorando en la cocina, recostado contra la nevera, con el teléfono en la mano, su padre es de esos sujetos que no esconde sus sentimientos, la abraza, Ema sabe que su madre ha muerto y se culpa, por estar dormida soñando, no pudo despedirse.

III

Ya no volvimos a hacer el amor y tampoco desayunamos a la misma hora, ni compartimos la página del horóscopo. Esto sucedió, el día en que le leí el horóscopo, ella comía rápido una tostada, mientras se ponía la chaqueta para salir a una entrevista de trabajo, decía algo así como que este era el día ganador, que podía comprarse un boleto de lotería, que podría ganar cualquier cosa que se propusiera, yo agregué, amor vas a conseguir este trabajo. Esa tarde, supe por un mensaje de texto que no lo había conseguido, luego se dio cuenta al llegar a casa, que el periódico que yo le había leído era del año pasado, me dejó de hablar, yo no entendía, Ema es una persona tan escéptica, que a veces creo que ni siquiera cree en el amor, ni en algo parecido, no entendía porque creía en el horóscopo, si lo que siempre hacíamos era burlarnos de lo que decía esa sección sobre generalidades, que a veces acertaban y nos causaba risa.

Luego comprendí, tarde, pero lo comprendí, que esa mañana ella solo quería escuchar de mi parte que le iba a ir bien, pero se fue pensando en que yo no se lo dije, sino que el periódico se lo había dicho, como si yo no fuera capaz de decirle que por fin se merecía ese trabajo que tanto deseaba, entonces por eso ella pensaba que no lo había conseguido, porque yo la había engañado con la fecha del horóscopo. Yo no pude refutar a eso, no debí leer un periódico viejo o tal vez debí enviar un mensaje de texto avisando que había leído el periódico que no era, debí leerla mejor a ella, en todos los casos posibles, asumí mi responsabilidad. Luego, en otra circunstancia, la pelea habría sido otra y yo seguiría teniendo sexo y desayunando con ella mientras compartíamos la misma página del periódico, aunque en ese mundo paralelo, fuera la sección de opinión.

IV

Ahora, ella se levanta antes que yo, me mira un rato y luego se hace la dormida, me despierto y espero que se despierte, pero ella con los ojos cerrados me dice que no me quiere ver a esa hora, esa hora que para mi es tan importante, porque a esa hora el sexo es más rico y saludable, así que empiezo a hacer ruidos, como si me estuviera masturbando para llamar su atención y ella me mira entre las cobijas y me dice que ha soñado algo, que si lo hago de verdad me cuenta. Yo le pregunto que si hago de verdad qué cosa, y ella me dice que de verdad me masturbe mientras ella me ve, eso me encanta de ella cuando me habla dándome órdenes, así que le hago caso.

V

En mi mente hay una fantasía, que por fin ella se despierte de buena gana y deje de pensar nimiedades, se acurruque y me susurre que tiene ganas, como cuando nos conocimos, en aquel bar, donde teníamos varias personas en común, pero nosotras poco o nada nos conocíamos, a mi me había llamado la atención que tenía el pelo rojizo y su mirada con el rímel corrido, a ella le había gustado mi manera de sonreír y expresarme con los demás. Esa noche fue una delicia, empezamos a jugar que ya nos conocíamos, le decíamos a mis colegas que llevábamos viéndonos en un hotel hace un tiempo, que hablamos por ese chat y que ella me enviaba fotografías pervertidas con mensajes dulces para que yo no pensara que era una pervertida, yo le decía al oído que no me parecía mala idea que en verdad fuera muy pervertida, ella se reía y se arreglaba el pelo que le caía por la frente. Hacía ese juego con los ojos, de picardía y coquetería, me gustaba como se comportaba con los demás, era una loca coqueta, nos parecíamos un poco en ese sentido. Recuerdo que por fin nos quedamos solas, y entre risas, nos miramos, y en un instante inesperado sin saber quién besó a quién, nos lanzamos en un beso que duró una eternidad, nos olvidamos de todo lo que pasaba a nuestro alrededor, de esos besos inolvidables, yo parecía drogada, sus labios eran suaves, aunque estábamos un poco tomadas, coordinamos todo o eso creíamos, era el momento exacto en que ambas desde diferentes perspectivas habíamos esperado vivir, desde el primer día en que nos habíamos visto, como si supiéramos que había algo que no se podía negar: atracción, o algo así.

En medio del beso, nos acariciamos, parecíamos de esas personas que solo les queda un día de vida, con mi lengua erecta, le lamía el cuello, y le mordí el lóbulo de la oreja, ella hacía ruidos ligeros de gemidos, me metía la lengua en la boca, lo que más podía y yo se la chupaba, ella aún era más lanzada, me rozaba los senos metiendo la mano en la blusa, yo le cogía la cintura y la acercaba hacia a mí, estábamos sentadas pero yo ya no sentía el piso. Después de esa noche, pensé que no nos íbamos a volver a ver, sin embargo, el camino nos cruzó de nuevo.

VI

Así, que me masturbo para que ella me cuente que ha soñado, ella le divierte verme excitada y se acerca, me muerde la oreja y me susurra: cariño yo no sueño. me corta de una, me levanto de la cama furiosa:¡me has timado! ¡con eso no se juega!. Me voy. Ella se queda quejando que porqué me disgusto por esas cosas y yo grito saliendo por la puerta ¿qué por qué me quejo?  susurro aún con la voz alta Ella se queja por el horóscopo, por los sueños y yo me quejo porque ya no tiramos, esto es como las olimpiadas de ping pong, pero de peleas, ¡damos vergüenza a nuestro historial!  Escucho que ella ahoga un grito en la almohada.

Me siento, en el sofá donde antes hacíamos el amor, y era lo más pervertido que podía ser entre ambas, yo sé que algo nos pasa, ella también lo sabe, llevamos 7 años juntas, la miro desde el rabillo de la puerta, ella se esconde debajo de las cobijas y le digo— Te estoy viendo, que tu si sueñas, que no me dejas dormir, porque hablas dormida todo la noche y ahora me toca levantarme temprano para desayunar primero, porque tu ya no quieres desayunar conmigo, por el puto horóscopo. Me levanto y me asomo a la puertaYa tienes otro trabajo, te hice un favor, yo no entiendo este jueguito de irnos a la cama como casadas, ni nos tocamos, me voy. Ella me grita. ¡no te vas, si apenas empezamos a jugar! Me detengo en seco, y le hablo por la puerta, sin mirarla, ella gatea por la habitación como si fuera una gata en celo, de esos juegos tibios que me gustan, pero ya se ha pasado, mi paciencia se ha agotado, y siempre ando entre sus enredos, le digoTe acuerdas de esa vez que… alzo la voz y aclaro la garganta, intentando no verla, porque ahora si se me vienen todas las ganas porque ella está dispuesta, cuando ya me ha sacado toda la paciencia Te acuerdas que soñaste, que me acostaba con la dueña de ese bar, y que te despertaste como si hubiese pasado, y me peleabas, que porque lo había hecho, qué te parece horrible, que no te hubiese contado, después de mis interminables discursos sobre la lealtad vs. fidelidad, estuviste así hasta el almuerzo, yo no te discutía porque estabas loca, te lo habías soñado, ¿en qué cabeza la cabe a alguien que lo que pasa en los sueños, está directamente relacionado con la realidad? y más… ni siquiera tú sueñas… Es que te das garra Ema, te das garra, y aún sigo amándote, como siempre…

Ema está en mi entrepierna, como cuando los gatos quieren algo y empiezan a restregarte su olor, como marcando territorio, ella sube despacio, deslizándose y presionando su cuerpo contra el mío, y me diceTú eres la de las teorías de los sueños, yo no me soñé eso, no pasó pero si te gustaba la vieja del bar. Ella vuelve a la cama, como si me invitara, cuando ella se voltea de nuevo hacia la puerta, yo ya no estoy, el portazo se escuchó retumbar por toda la casa, queda en silencio, ella se queda sola en la habitación, se queda unos mili segundos y se da cuenta que no voy a volver, se levanta y me busca por cada rincón de la casa.

Ema en medio de la salaCariño, ¿dónde te metiste?

***

VII

Acá podrían escribirse varios finales de la historia. ¿No les pasa que en realidad nunca hay un final? Cada relato es un cuento sin fin, hasta dónde la autora quiere contar y después hasta donde los lectores quieren imaginar. Bueno este cuento al parecer no tendrá final…

Puedes leer esta versión del “final” un poco dramática porque yo estaba triste: (A)

Puedes leer esta versión del “final” para seguir conociendo el juego de esta pareja porque yo estoy teniendo esperanzas: (B)

Dime, ¿cuál te gustó leer? Comparte este cuento y pídeme otras posibilidades o si se te ocurre alguna, agrega un comentario.

 

Por

Juliana Ramírez Plazas

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14 comentarios en “SEIS DE ALGO: Rincones de Ema

  1. ClemSinOxigeno dijo:

    Si, puede ser una treta, lo que rebasa el vaso medio lleno y que no se llena pero ya es suficiente de seguir pensando que está medio lleno o medio vacío, me encanta dejar ese final, aunque tengo otro par. Gracias por leerlo.

  2. cata rodríguez dijo:

    Me encantan las historias de antiheroes
    Las causas perdidas…no se para mi pidrían seguir un tiempo más en la rutina…hasta que algo pasara para reencontrarse y reconocerse…

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